El equilibrio está en un lado

El documental “El Desafío: ETA” no trata de ser equidistante, cuenta claramente el horror que este grupo terrorista generó durante 50 años, dejando hablar a algún que otro simpatizante de ETA pero para dejarlos en evidencia más que para tratar de entender su punto de vista.

Y me parece bien. Porque no se puede ser equidistante con algo así, aquí han habido claramente buenos y malos, aunque a los buenos se les fuera la mano, que se les fue. Pero a pesar de las barbaridades de ETA, los buenos contuvieron instintos oscuros y consiguieron re-encauzar la lucha contra el terrorismo de forma ejemplar, de una forma que otros países no hubieron hecho o no han hecho.

Chapeau por la sociedad española en esta lucha. Y chapeau por la Guardia Civil, un cuerpo de seguridad que ha evolucionado hasta convertirse en una organización excelente, a pesar de un pasado no tan ejemplar, a pesar de todo el dolor que han tenido que sufrir.

Chuck Norris vs Mortadelo

En 1988 3 miembros del IRA fueron tiroteados en Gibraltar for fuerzas especiales británicas. Los terroristas tenían la intención de realizar un atentado, las fuerzas británicas los emboscaron en una gasolinera, los terroristas iban desarmados y no encontraron bomba alguna en su coche.

Rafael Vera, Secretario de Estado de Interior por aquel entonces, lo pone como ejemplo de cómo se las gastaban los británicos, en contraste con el revuelo que montamos en España con las cosas del GAL, según cuenta en el documental “El Desafío: ETA”.

Otro ejemplo que puede venir a la mente es el de la operación que mató a Bin Laden, aprobada por un líder tan carismático como Obama. Un grupo de operaciones especiales, invaden el territorio de un país más o menos aliado, Pakistán, con el objetivo de matar al terrorista más odiado del mundo. Acto seguido lo anuncian a bombo y platillo y aquí no ha pasado nada.

En el país de Harry el Sucio, Chuck Norris, Charles Bronson, Bruce Willis y Tarantino, estas formas de actuar están asumidas, son esperadas, son despachadas sin mucha autoreflexión.

En España por lo menos tenemos la dignidad de reconocer la incomodidad de este tipo de acciones, pero no sé si es más por una mezcla de vergüenza por lo mortadelo-filemonesco de lo que supuso el GAL, por no reconocerlas abiertamente como lo hacen sin reparos los británicos o americanos, o por las dudas morales que dejan.