Drones Temporeros

Una empresa israelí ha desarrollado un dron que recoge fruta. Es capaz de seleccionarla en función de su grado de madurez, dejarla en una caja y buscar la siguiente. A cualquier hora del día, durante las horas que haga falta, proporcionando información en tiempo real de estado de la cosecha.

Supongo que esta tecnología tendrá sus peros, todavía no será totalmente funcional, pero es sólo cuestión de tiempo que se perfeccione y ejecute este trabajo mejor que una legión de temporeros.

El mundo cambia, y cambia, y cambia…

Inercia

Elon Musk decide invertir en Bitcoins a través de Tesla. 1.500 millones de dólares, dentro de poco aceptará Bitcoins como pago para sus coches.

Las monedas virtuales son algo nuevo y volátil, misteriosas, existen varias que luchan por hacerse con el control de nuestras transacciones. Pero han llegado para quedarse. El mecanismo de los últimos siglos en los que los gobiernos centrales de los países tienen el monopolio de la creación de moneda está llegando a su fin.

En un mundo globalizado en el que la tecnología permite repensar el cómo se han hecho las cosas hasta ahora, tiene sentido. Las criptomonedas son un síntoma más de que el concepto de nación-estado está en sus últimos estertores. A las multinacionales eso de las fronteras no les dice nada, la empresa en la que trabajo, por ejemplo, está en un proceso de externalizaciones que está durando años y este mismo mes han despedido a gente en Inglaterra para crear esos mismos puestos de trabajo en Polonia. Me puede parecer mal, como le parecía mal a un ibero del siglo II a.C. las invasiones romanas, o a un artesano del siglo XVIII le podía parecer mal la irrupción de los telares, o a un arriero de principios del siglo XX la irrupción de los camioneros. Me puede parecer mal, estoy en mi derecho al pataleo.

Pero la irrupción de las criptomonedas, la hegemonía de las organizaciones privadas transnacionales, la caída de los estado-nación son cosas de la inercia histórica. Ni mejor ni peor. No es que el mundo en el que estamos viviendo hasta ahora sea un ejemplo de perfección, ¿no? Quizás, quién sabe, lo que viene no sea tan malo.

Suficiencia energética

El ingeniero asturiano Omar Suárez ha construido una casa 100% desconectada de la red eléctrica, una casa que se nutre de la luz solar en la muchas veces nublada Asturias.

Paneles solares que revisten su exterior, suelos radiantes con tubos de agua que controlan la temperatura de la casa y, voilá, tienes una casa que hasta le sobra energía para calentar el agua de la piscina.

Hoy por hoy es caro construir este tipo de casas, sólo los más acaudalados pueden permitírselo, pero si la tecnología existe llegará el momento que será más barata y más avanzada.

No importa que creas que el cambio climático es un bulo auspiciado por los progres de la Tierra para acabar con el status quo. Si no es necesario abrir grandes agujeros de la Tierra para sacar combustibles fósiles, no lo hagamos. Si es posible no tirarle el humo a la cara a la gente, no lo hagamos. Incluso para los libertarios más extremistas estas tecnologías ofrecen la posibilidad de ser totalmente independiente de la sociedad, uno de sus sueños más húmedos hecho realidad.

Así que no pongamos trabas a estas innovaciones, vigilemos que las grandes perdedoras de estas innovaciones, las eléctricas, no le pongan palos en las ruedas.

Selfies

Los espejos hoy en día son normales, estamos muy familiarizados con nuestra rostro, nos vemos todos los días en uno. Pero esto es algo relativamente reciente. Hasta la Edad Media eran muy rudimentarios y escasos, pero la tecnología relacionada con la creación de cristales evolucionó a partir del siglo XIII y el Renacimiento empezó a llenarse de autorretratos. ¿Qué mejor modelo que uno mismo?

Pero, ¿nos hemos pasado de frenada? ¿Nos miramos demasiado en el espejo?

El futuro de la guerra es el futuro del mundo

Ha sucedido repetidas veces a lo largo de la historia.

Aprendimos a lanzar piedras y empezamos a matar a distancia.

A la piedra le incorporamos un palo y la convertimos en una lanza, aumentando así su precisión, su maniobrabilidad y su potencia.

A alguien se el ocurrió utilizar otro palo y una cuerda para inventar un arco, y nuestro radio de acción se multiplicó. Por el camino extinguimos mamuts, grandes felinos, conquistamos territorios, arrasamos poblados.

Luego le vino el turno a los metales, cobre, primero, hierro después. Los que disponían de los secretos del hierro levantaron imperios y esclavizaron a los perdedores.

Tiempo después el gran salto evolutivo en la guerra fue la pólvora. Los cañones acabaron por convertir en inútiles las murallas que rodearon durante miles de años las ciudades. Los mosquetes empezaron a cambiar la lucha cuerpo a cuerpo por la muerte a distancia. Los rudimentarios mosquetes evolucionaron hasta ingenios que vomitan muerte a cientos de veces por minuto.

Al mismo tiempo la muerte empezó a venir por el aire, matar se convirtió en algo más distante y masivo.

La cumbre tecnológica en el arte de matar llegó con las bombas atómicas, acabar con toda una región apretando un botón a miles de kilómetros de distancia.

Las tecnologías militares han dado forma al mundo, el mundo es como es hoy debido en buena parte a las armas que han estado a disposición de los seres humanos en cada momento de su historia. Es cierto que la evolución exponencial en la capacidad de matar no está relacionada con el número de muertos. Hoy podemos matar mucho más y más eficientemente que en ningún momento de la Historia, pero como defiende Steve Pinker hoy muere menos gente por guerras que antes. De alguna forma también ha crecido de forma exponencial el lado positivo del concepto “civilización”. Sin embargo vivimos en un peligroso equilibrio, un sólo evento catastrófico puede arruinar las estadísticas, un “cisne negro” decisivo y mortal.

Una nueva generación de armas es una nueva vuelta de tuerca que va a transformar nuestras sociedades. La inteligencia artificial, imbuida en drones, en aviones autónomos y robot-soldados, algo que cada día que pasa es menos ciencia-ficción y más realidad. Es posible que estas armas vayan a tener un mayor impacto en el corto plazo que las armas nucleares, porque los escrúpulos para utilizarlos serán menos incómodos de evadir.

China, Rusia, Estados Unidos… quien domine estas nuevas tecnologías determinará el rumbo de los próximos cien años.

No es lo mismo

Llevo en mi muñeca uno de esos relojes “conectados” que miden el número de pasos que doy, mi ritmo cardíaco, recoge datos de mi peso… y de paso da la hora. Y es que no es un reloj, es un dispositivo que mide mi actividad física, mi salud.

De la misma forma, nuestros teléfonos “inteligentes” no son teléfonos, eso es lo de menos. Son dispositivos de entretenimiento: leemos las noticias, tomamos fotos, vemos videos… Y de vez en cuando llamamos. Cubren más nuestras necesidades de entretenimiento que las de comunicación.

La conectividad cambia la naturaleza de los productos, los “expande” hasta el punto de que ya no son realmente lo que dice el nombre que todavía les damos.  

Ermitaños virtuales

Gracias a la tecnología estamos cerca de poder vivir como ermitaños virtuales: vivir en medio de las montañas, en una cabaña, con la comida y los productos esenciales servidos a través de drones, con conexión a internet que te permite estar conectado, con generadores que mantienen el suministro eléctrico, con depuradores de agua, recicladores de basura…

La opción de vivir aislado se convierte así en menos dura, más accesible.

Amenaza por Comodidad

Sólo he visto las tiendas Amazon Go por YouTube, pero lo hacen parecer tan sencillo que da la sensación de que es una forma de entender las tiendas que se va a extender por todas partes.

Entrar en la tienda, coger lo que quieras, salir sin hacer cola para pagar. Tiene sentido, se trata de combinar tecnologías que ya están aquí de una forma que haga la experiencia para el consumer lo más cómoda y eficiente posible.

Tiene un efecto en el empleo, desaparecen las personas que te atienden en los cajeros, pero todavía son necesarias las personas que colocan los productos en las tiendas, que gestionan el proceso… Una vez más la tecnología cambia el modelo de negocio, destruye empleo, crea otros con un balance negativo para los humanos a nivel de número de puestos de trabajo.

Las “máquinas”, poco a poco, nos van comiendo terreno.

Peces populistas

El francés Bruno Patino analiza en su libro “La civilización de la memoria de pez” como la sociedad actual, con su vorágine de estímulos, nos hace incapaces de mantener la concentración más allá de un puñado de segundos.

Las redes sociales, los medios de comunicación, la publicidad, nos lanzan estímulos continuamente con el fin de captar nuestra atención y nosotros nos estamos convirtiendo en adictos a estos subidones de interés y los buscamos constantemente, como yonkis de la excitación que buscan su nueva dosis de novedad. Pero el efecto del chute de ese titular prometedor acaba pronto, y enseguida nos ponemos a buscar otra dosis.

Esta falta de capacidad de reflexión y de entender en profundidad los temas que nos afectan, nos convierte en seres superficiales, presas fáciles para la manipulación y el populismo.

Tik Tok, susto o muerte

Soy usuario de Tik Tok, y me mola. He hecho algunos videos con mi mujer, con mis hijos, y nos lo hemos pasado muy bien haciéndolos.

La empresa que está detrás de Tik Tok es china, y eso se supone que no es bueno. Que China, ese contradictorio país comunista pero más capitalista que Rockefeller, seguro que utiliza mis datos para hacer el mal, y hackea toda la información habida y por haber en mi móvil y en todo lo que se menee.

Esto es el susto. Luego está la muerte, esto es, todo el resto de empresas americanas: Google, Facebook, Twitter… Que éstos puede que sean americanos, pero ya nos han exprimido hasta el último bit de nuestra existencia.

Así que lo tenemos crudo. Susto o muerte. A ver con qué te quedas.