mE eQUIVOQUÉ

“Sólo aprende el que falló…”

Éste es un verso de la canción “Me equivoqué”, de el Kanka, un cantautor que descubrí no hace mucho y está poniendo melodía estos días a los trayectos de mis casa al trabajo.

El Kanka es el cantautor que yo hubiera querido ser si me hubiera atrevido a ser cantautor. Es la música y las letras, que me hubiera gustado componer y escribir en ese otro Universo en el que voy con la guitarra de aquí para allá.

Supongo que me equivoqué de Universo.

Ponerse de acuerdo, ostias…

Cuando era pequeño recuerdo que me preguntaba por qué no podía existir un grupo de música que gustara absolutamente a todo el mundo.
Vale, sí, hay grupos que casi han llegado a eso. Pongamos por ejemplo a los Beatles. ¿A quién no le gusta los Beatles? Te pueden gustar otros grupos más, pero no gustarte los Beatles es casi inconcebible… Pues, no, hay gente a la que no les gusta el grupo ese de Liverpool.
Y si no nos ponemos de acuerdo con algo tan evidente como los Beatles, ¿cómo nos vamos a poner de acuerdo con cualquier otra cosa?

Sabina

Hay artistas que fueron importantes en su época pero que no llevan bien el paso del tiempo y acaban olvidados. Para otros, siendo importantes y relevantes en vida, el futuro les depara una dimensión que les acerca a la Eternidad.
Si tuviera que apostar, apostaría por Joaquín Sabina. Me imagino un siglo XXIII o un siglo XXX en el que todavía se escuchen sus canciones y se estudien sus letras.
Mucho Sabina.


Sugar Man: Universos Paralelos

Había leído algo sobre este documental, Searching for Sugar Man, pero hasta ayer no lo había visto:
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(Advertencia: Spoiler! Si quieres ver el documental, y lo recomiendo, no sigas leyendo…)
Un cantautor latino, de nombre Sixto Rodriguez, publica un par de discos a principios de los 70 en Estados Unidos, pero fracasan comercialmente y nada más se vuelve a saber de él.
De alguna forma estos discos llegan a la aislada Sudáfrica del Apartheid de los 70 y 80 y se convierten en un éxito a la altura de Los Beatles o Elvis. Pero nadie sabe nada de Rodriguez, sólo rumores, rumores que coinciden en que se suicidó a principios de los 70 durante un concierto, unos dicen que pegándose un tiro en la cabeza, otros quemándose vivo frente a su público.
Sin embargo, Sixto Rodriguez sigue vivo. Tras intentar publicar su tercer disco, que no llega a ver la luz, deja la música y vuelve a una vida normal, como un trabajador anómimo de la construcción. No tiene ni idea de su éxito en Sudáfrica, el dinero no le llega porque, presumiblemente, el antiguo propietario de su discográfica se lo está embolsando.
A medidados de los 90, coincidiendo con la republicación de uno de sus discos, un par de fans de Rodriguez quieren saber más de él. Siguen la pista del dinero y, tras algún tiempo, descubren que… está vivo! Entusiasmados, contactan con él y lo traen a Sudáfrica, donde es recibido como una estrella y ofrece una serie de conciertos.
Una historia increible, que probablemente no va a suceder otra vez en este planeta interconectado en el que vivimos, que es fruto de las particularidades de un mundo aislado como fué el Apartheid de Sudáfrica.
Una historia que deja un poso a mitad camino entre la esperanza y la frustración. Es una demostración de que todos somos la consecuencia de las decisiones que hemos tomado, de las que han tomado otros, de las fuerzas que  nos han empujado, de las casualidades, de los vientos, de la inercia. Somos lo que somos, pero otro Yo podría haber exisitido si el camino hubiera sido otro. 
Otro Yo, mejor, peor, igual, diferente.
Otro Yo podría haber existido. Otro Yo todavía puede existir. 
Antes de que sea demasiado tarde.

De como convertir la Corrupción en Accesso Universal a la Cultura

   Empecemos por el punto de vista más demagógico: estamos hasta los cojones de que nuestros impuestos pagen comisiones a diestro y siniestro, comisiones que acaben en los bolsillos de políticos y empresarios sin escrúpulos. No tengo a mi disposición un cálculo de cuánto podría representar este despilfarro, pero debe ser un número generoso.

   Ahora imaginemos una locura: el Gobierno de España llega a un acuerdo con Spotify para hacer suscriptores premium a toda la población española. Aquí podemos hacer un cálculo: la suscripción mensual cuesta 9.99 € al mes, pero como queremos suscribir a 45 millones de personas estoy seguro de que los de Spotify estarían de acuerdo en hacer una substanciosa rebaja. Digamos que a 2  al mes, lo que supondría unos 1080 millones de ingresos anuales para la empresa. Buena parte de este dinero acabaría distribuyéndose entre los creadores en función del consumo de sus obras.

   Una revolución: acabaría con la industria musical tal y como la conocemos, a costa de un accesso libre para todos los españoles a la cultura musical. Accesso universal a la Cultura… Imaginemos lo mismo para los libros (de alguna forma ya existe a través de las bibliotecas públicas, sería cuestión de hacerlo de forma digital), para el cine, el teatro…

   Que nuestros impuestos pagen un Accesso Universal a la Cultura, probablemente por un coste comparable a lo que nos cuesta la Corrupción, al mismo tiempo que los creadores ven recompensados sus esfuerzos a través del consumo democrático de sus obras.

   Probablemente muchos “peros”, muchas dificultades en el camino, pero una Visión a mí me resulta sumamente atractiva.

Música dodecafónica

Música en la que las 12 notas básicas se distribuyen por igual en la melodía, más o menos


El compositor austriaco Arnold Schoenberg (1874–1951) tuvo la ocurrencia en los años veinte del siglo pasado de componer música de esta guisa, y el resultado es ese tipo de melodías que hace que te chirríen los dientes, perfecta para películas de miedo.


Almas y Blues

En 1938 un músico de 27 años, Robert Johnson, muere en Greenwood, Missisipi. Hay quién dice que envenenado por el marido de una mujer con la que estaba flirteando. Era un músico itinerante que iba de pueblo en pueblo por el sur de Estados Unidos tocando en las calles y pequeños locales, pero durante los dos años anteriores a su muerte grabó un puñado de canciones que dos décadas después servirían de inspiración a una nueva generación de músicos: Eric Clapton, Keith Richards…

Cuando los biógrafos tratan de desentrañar su historia ya es tarde. La realidad, la ambigüedad y las leyendas se entremezclan: es el candidato perfecto para ser aquel músico que una medianoche, en un solitario cruce de carreteras vende su alma al Diablo, a cambio de poder interpretar cualquier cosa con su guitarra.

One of the two known photos of Robert Johnson. This portrait was taken by the Hooks Bros. Photography Company in Memphis, Tenn., circa 1935.

Cajones


El cajón parece que ha sido parte del flamenco desde siempre, pero fue sólo alrededor de 1980 cuando apareció. Paco de Lucía tocaba en Perú y fue a una fiesta en la que le “presentaron” un instrumento típico de allí. El origen del mismo parece estar esclavos africanos que adaptaron viejas cajas de madera para tocar su música. A Paco de Lucía pensó que este tipo de percusión le iba muy bien al flamenco y se lo trajo para España.