Globalización en mi cocina

Miro el recipiente en el que ponemos la fruta y veo lo siguiente:

Plátanos de Costa Rica.

Manzanas de Sudáfrica.

Kiwis de Nueva Zelanda.

Mandarinas de España.

Uva de Chile.

Y yo, un valenciano-albaceteño, aquí, en el condado de Wiltshire, en Inglaterra.

Cosas de la aldea global y eso. El problema, el impacto ambiental del capricho de comer lo que nos apetezca en cualquier momento del año.

Miradas desde el futuro

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  Defender la esclavitud por el impacto económico que supondría liberar a los esclavos, un punto de vista que podría defender un latifundista del sur de Estados Unidos a mediados del siglo XIX, nos parece una barbaridad, visto desde nuestro bien entrado siglo XXI. Por encima del impacto económico que puede sufrir parte de la población está el respeto a los derechos humanos.

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  Del mismo modo, oponerse por el inevitable impacto económico a medidas drásticas para acabar con un sistema económico que beneficia a unos pocos pero que arruina el medio ambiente a nivel global, afectando el presente y a generaciones futuras, será visto tan anacrónico en un futuro cercano como percibimos hoy la esclavitud del siglo XIX.