Cloroformo para tontos

Dar a luz a un bebé es un acto increíble e increíblemente sádico. 
“Parirás con dolor” dice en algún lugar de la Biblia, uno de esos pasajes en los que se vincula una realidad aparentemente inamovible con la decisión impuesta por ese Creador supuestamente bondadoso, pero que le debió pillar un día tonto cuando impuso esa cruel condena a las mujeres.
Pero resulta que la cosa de la Ciencia nos viene durante el siglo XIX con adelantos varios, alguno de ellos permite reducir los niveles de dolor durante el parto. La reina Victoria de Inglaterra, sin ir más lejos tuvo sus dos últimos hijos (de nueve que tuvo) bajos los efectos del cloroformo.
A pesar de ser la mismísima reina, hubo quien se escandalizó por este sacrilegio, que contradecía directamente el dichoso pasaje de la Biblia. Es más, según alguno hasta se podía dar el caso de que las mujeres que estaban de parto bajo los efectos del cloroformo pudieran seducir a los médicos presentes, que se ponían muy tontorronas con el liquidito en cuestión…
Ya se ve que gente tonta, pero que muy tonta, ha existido siempre. 
Y lo que nos queda.


Fraglidad

En un “mercado mojado” de una ciudad de china un animal es recién sacrificado. Las condiciones higiénicas no son ideales y favorecen la transmisión de viruses de animales a personas.
Tras unos meses uno de esos seres microscópico evoluciona hasta conseguir transmitirse de humano a humano. Este virus logra contagiar a un puñado de personas que viajan y lo transmiten a más personas.
Todavía no ha sucedido, y puede que este “Corona Virus” no lo logre, pero un día algo así sucederá. Una muestra de la fragilidad del mundo en que vivimos. 
Un simple ser microscópico tiene el poder de tumbar la economía mundial, provocando más caos y destrucción con sus efectos sociales que a través de las enfermedades y muertes que provoque.

Lavarse después de tocar a un muerto

En 1865 un médico húngaro de 47 años muere en un asilo, probablemente tras la paliza recibida por los guardias de la institución mental en la que estaba siendo tratado.
Era Ignacio Felipe Semmelweis, durante años estuvo advirtiendo a sus colegas de la necesidad de lavarse las manos antes de atender los partos. Pero la gran mayoría no le hicieron caso, lo que convertía dar a luz en un Hospital en algo mucho más arriesgado que parir en la calle. Él lo descubrió porque en el que trabajaba, el paritorio al que acudían los médicos tras la diseccionar cadávares el ratio de muertes podía superar el 90%.
Harán falta unas décadas más hasta que se descubra el papel de los micro-organismos en las enfermedades infecciosas, y hasta que se convierta en práctica habitual eso de lavarse las manos antes de operar.
Al doctor Semmelweis no le fue demasiado bien en su cruzada, acabó totalmente desquiciado, pero con su esfuerzo logró salvar probablemente la vida de millones de personas.

An engraved portrait of Semmelweis: a mustachioed, balding man in formal attire, pictured from the chest up.