El chocho de ahí fuera

Tras leer un par de artículos sobre una conjetura matemática que no ha sido probada después de más de dos mil años, y sobre la evolución de la Inteligencia Artificial en el mundo del ajedrez, me doy cuenta de que la capacidad del ser humano de crear sus propios mundos virtuales es algo que raya en lo vicioso.

¿Qué es lo que lleva a que unas personas dediquen la mayor parte de su energía a algo que no tiene una evidente aplicación práctica? Porque no me vale que luego se puedan aprovechar los frutos de esos esfuerzos en otras aplicaciones prácticas y provechosas. La realidad es que a esos matemáticos y programadores lo que les pone no es la utilidad práctica de sus esfuerzos, es el desafío de solucionar un problema, un problema imaginario, para más inri. Así que cualquier beneficio que se pueda sustraer de esto es puro efecto colateral.

No sé por qué lo hacen, de la misma forma que no sé porqué yo escribo estas líneas. O quizás sí que lo sé… Lo hago por tratar de entender mejor la realidad de ahí fuera, es un intento de desmadejar todo el chocho en el que nos encontramos. Así que supongo que estos matemáticos y programadores, de alguna forma, también están intentando lo mismo.

El número de Belfegor

1000000000000066600000000000001


Es un número primo, y encima “palíndromo”, que se lee igual por delante y por detrás. Vamos, capicúa, para entendernos. Y los matemáticos, en plan coña, le llaman el número de Belfegor, uno de los 7 príncipes del Infierno, por su “diabólica” forma.