El “actor” Alatriste

En las novelas de Pérez Reverte hay un personaje que se repite una y otra vez: el Capitán Alatriste. Ese héroe sobrio, solitario, valiente, desencantado, receloso, escéptico, leal con quien lo merece, es también el espía “Falcó”, es el Cid de la novela “Sidi”, son varios personajes de “La Sombra del Águila” o de “Línea de Fuego”. Como si se tratara de un actor que se disfraza y maquilla para la ocasión en cada una de las historias, pero que siempre utiliza la misma mirada, el mismo tono de voz, la misma media sonrisa.

No es una crítica negativa, todo lo contrario. Los escritores pueden escribir muchos libros con multitud de argumentos, pero lo habitual es que lo que cuentan es lo que les pasa a unos mismos personajes en contextos diferentes. Y una de las formas de hacer esto es a través de unos personajes sólidos, creíbles, cercanos, que los entiendes, que los sientes.

Pérez Reverte ha conseguido esto a través de ese arquetípico Alatriste que recorre sus novelas. Me gustan sus historias porque me siento identificado con ese personaje, hasta tal punto que si me preguntas por el argumento de ésta o aquella novela muchas veces no sabría describírtelo bien a pesar de que haya disfrutado leyéndola, porque lo que recuerdo es más los personajes que la historia.

Esto es todo un logro, es la razón por la que Pérez Reverte es uno de los grandes escritores de esta confusa época que nos ha tocado vivir.

Imaginar, un gran paso para la Humanidad

Julio Verne escribió “De la Tierra a la Luna” e inspiró a muchos, entre ellos a Konstantin Tsiolkovsky, una de las personas que desarrolló los fundamentos teóricos que permitieron hacer llegar el hombre a la Luna.


Antes de que algo suceda hay que imaginarlo, y ese primer paso muchas veces no está en los ingenieros que desarrollan la tecnología, está en los soñadores que lo imaginan.

Yo he nacido esta mañana

Éstas son las últimas líneas de “Juan Belmonte, matador de toros”, biografía escrita por Chaves Nogales.
Es el mejor final de un libro que he leído nunca. El periodista Manuel Chaves Nogales conoció al mítico torero a mediados de los años 30 y aunque no era aficionado a los toros, congeniaron y decidieron que escribiría su biografía a partir de largas conversaciones en las que el torero rememoraba su vida.
Una vida que empieza como un chaval que torea desnudo a la luz de la luna en la dehesa a una estrella del toreo, en una época en la que los toreros eran auténticas estrellas de rock, aquí y en Latinoamérica.
A mi tampoco me gustan los toros. O más bien no quiero que me gusten por lo que representan, aunque creo reconocer la belleza y el atractivo salvaje que tiene desprende, que me perdonen, pero también lo sintieron personajes como Goya o Picasso. 
Pero más allá de lo que uno pueda sentir por la tauromaquia, es una historia que engancha, por lo bien escrita que está, las peripecias de un personaje que vive de todo y por lo que ayuda a entender el primer tercio de la España del siglo XX.
Por eso sorprende las últimas palabras del torero, plasmadas con maestría por Chaves Nogales. Una persona que lo ha vivido todo, duda de si ha vivido lo que recuerda. Lo que importa es que un nuevo día empieza, todos volvemos a nacer por la mañana.
Aunque reconozco que también me influyó saber de antemano que Juan Belmonte se suicidó poco antes de cumplir los 70 años, en 1962. Parece ser que, él que había tenido una vida tan intensa, no se resignaba a la decadencia física y se pegó un tiro una noche en su despacho.

Primeras Líneas – La Isla del Tesoro

“El caballero Trelawney, el doctor Livesey y los demás gentilhombres me han pedido que relate los pormenores de lo que aconteció en la Isla del Tesoro, del principio a fin y sin omitir nada excepto la posción de la isla, y ello por la sencilla razón de que parte del tesoro sigue enterrado allí; cojo, pues, la pluma en el año de gracia de 17… y me remonto a la época en que mi padre regentaba la posada del Alirante Benbow, y el viejo lobo de mar con la cara tostada y marcada con un chirlo de sable vino a hospedarse bajo nuestro techo”.

Yo he nacido esta mañana

  “Todas esas historias viejas que me ha divertido ir recordando palidecen y se borran a la clara luz de la mañana de hoy que entra por los cristales del balcón. Todo esto que he contado es tan viejo, tan remoto y ajeno a mí, que ni siquiera creo que haya sucedido. Yo no soy aquel muchachillo desesperado de Tablada, ni aquel novillero frenético, ni aquel dramático rival de Joselito, ni aquel maestro pundoroso y enconado…

La verdad, la verdad, es que yo he nacido esta mañana.”

Últimas frases del libro “Juan Belmonte, matador de toros; su vida y sus hazañas”, biografía del torero de principios del siglo XX, escrita por Manuel Chaves Nogales.

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Había una vez, en tal lugar a alguien le sucedió tal cosa

Parece increíble que con sólo siete notas se puedan componer tantas y variadas melodías, que nunca se nos acaben, pero es porque hay que tener en cuenta que a los tonos hay que añadir los semitonos, el tempo, los acordes, las escalas, el color, la intensidad…

“Había una vez, en tal lugar a alguien le sucedió tal cosa”. En cierto sentido, según John Yorke, un productor de televisión británico que está a punto de publicar “In TheWoods: A Five Act Journey Into Story”, todas las historias del mundo se reducen a este simplificado argumento. Y es que, como la música, también pueden reducirse a un limitado número de elementos que se combinan para conseguir muchos e inesperados resultados. Según este autor son los siguientes:
  • El Protagonista
    • La historia te presenta un personaje principal y te invita a que te identifiques con él o ella, que se transforme en tu avatar. Y no hace falta que sea simpático o bueno, puede que nuestra identificación se base en zonas oscuras y desconocidas de nuestra personalidad.
  • El Antagonista
    • Hitchcock decía que cuanto mejor sea el villano mejor será la película. El antagonista puede ser “Externo”, como los malos del James Bond, o “Interno”, representado por las debilidades del protagonista: alcoholismo, cobardía, baja autoestima. “El antagonista representa las cualidades que le faltan al protagonista”. Joker le decía a Batman: “You complete me”.
  • El Deseo
    • Aaron Sorkin: “Alguien tiene que querer algo, algo tiene que interponerse. Si tienes esto, tienes una escena”. Pero una cosa es lo que los protagonistas creen que quieren y otra es lo que finalmente acaban encontrando: Rocky, Little Miss Sunshine, Cars, Tootsie…
  • El Incidente
    • Es el “algo” que sucede, lo que despierta el deseo, el problema que hay que resolver.
  • El Viaje
    • Durante la búsqueda de su objetivo el protagonista cambia, no va a ser la misma persona que al principio de su viaje.
  • La Crisis
    • El momento donde no se sabe cómo el protagonista va a salir de esa, el dilema final, en el que tiene que tomar una decisión definitiva.
  • El Clímax
    • La respuesta que el Incidente plantea, “¿Qué va a pasar?”. Pues esto. El momento en el que el protagonista se enfrenta al antagonista.
  • La Resolución
    • Tradicionalmente todos los hilos de la historia han tenido un final, casi siempre feliz. Pero cada vez nos encontramos más finales abiertos.
  • Ponerlo todo junto
    • En mayor o menor medida, la combinación de los elementos anteriores están presentes en todas las historias. Incluso la ausencia de alguno de ellos puede tener una implicación narrativa
En todo caso tenemos que recordar que el punto de partida no son más que una veintena de caracteres, que con sus infinitas permutaciones nos ofrecen resultados de lo más variopintos: desde una receta de Arguiñano al Boletín Oficial del Estado, desde el guión de “Salvame” a un poema de Neruda.