Filtros

   No hago muchas fotos, debería hacer más, creo.
   Esto es algo relativo, claro, todos nosotros hacemos muchísimas más fotos que antes debido a que nuestros teléfonos están equipados con unas cámaras bastante sofisticadas que nos permiten improvisar y captar cualquier momento: el plato que estamos comiendo con unos amigos, unas hojas en el suelo, unas sombras, o los consabidos selfies. 
   Todo esto es nuevo, es consecuencia de la tecnología que tenemos ahora en nuestras manos. Antes no se nos hubiera ocurrido hacerle una foto a la Mahou a medio beber que tenemos encima de la mesa, porque entre el carrete y el revelado te costaba un ojo de la cara, además que con todas las semanas entre hacer la instatanea, el momento de ir a la tienda a entregar el carrete y el tiempo que tardaban en darte las fotos se te hubiera olvidado que le hiciste una foto a una botella.
   Pero vamos, que todo esto me parece muy bien. Cuantas más fotos mejor, aunque sean bastante tontas. O cuanto más tontas, casi mejor. Porque nos ayudan a recordar hasta los momentos más triviales. 
   Repasar fotos de hace años es algo cojonudo, lo normal, a no ser que hagan referencia un acontecimiento especialmente negativo, es que te ayuden rememorar todo lo positivo de aquel momento, como si todo hubiera sido fantástico, saltándose todo lo soso, lo monótono, a pesar de que la realidad en su momento hubiera sido un 80% de aburrimiento. Es como si las fotos fueran capaces de producir un concentrado de vivencias, un chupito de sensaciones, un latigazo de emociones. 
   Y ya si le pones un filtro, de esos que Instagram ha hecho famosos, ya es la repera. La foto puede que sea de hace dos horas, pero una capa de tonos amarillentos, como replicando los colores cutres de las fotos de los años setenta, le da un tono épico que te hace olvidar que te has pasado la mañana aburrido como una ostra esperando en el ambulatorio, que te da tal subidón que te crees Robert Capa haciendo fotos a milicianos en la Batalla de Teruel. Y encima la publicas y tu “foto a una farola”, que así es como la has titulado, recibe los likes de docenas de tus amigos, que se ve que tenían tiempo de mirar las fotos que los amigos van haciendo por ahí a las farolas.
   Pero, repito, sarcasmos aparte, todo esto me parece cojonudo. La vida pasa muy deprisa, demasiado, y nuestra memoria es una autentica porquería. Se nos olvidan muchas cosas, pero muchas. Y la vida no es un “continum” de vivencias, es más bien una serie “discreta” de acontecimientos (entiéndanse el ángulo matemático de estos términos). Saltamos de acontecimiento “A” a acontecimiento “B” sin recordar muy bien como coño pasamos de “A” a “B”. Así es como funciona nuestra memoria, por lo menos la mía. Y cuantas más fotos, mas acontecimientos para rememorar, y más sensaciones positivas que disfrutar. Así que, conciudadanos, hagamos fotos sin ton ni son, a las farolas, a las botellas de cerveza, a las palomas, a los amigos, a la familia, a las nubes, a los árboles, a la taza del water si hace falta, y publiquémoslas, lancemos a los cuatro vientos que estamos tomando un pincho con unos amigos en el bar de la esquina, que le has hecho una foto a la sombra que la papelera de al lado de casa de tu madre está formando sobre el irregular empedrado de la acera, gracias a la inestimable colaboración del retraso del ayuntamiento de turno en repararlo, captemos todos esos momentos que de otra manera acabarían desapercibidos, ignorados, borrados de la existencia. 
   Fotografiad, fotografiad, Malditos!
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Ajedrez

   Me gusta el ajedrez, pero no soy muy buen jugador. Me precipito, no tengo la paciencia necesaria para analizar las posibilidades a las que te enfrentas en un tablero. Aunque, bueno, a decir verdad, son inabarcables.

   “El cálculo en el ajedrez no se basa en uno más uno, sino más bien en descubrir un camino, un mapa que cambia constantemente ante nuestros ojos… Cada movimiento tiene cuatro o cinco respuestas posibles, más las cuatro respuestas correspondientes a cada movimiento, y así sucesivamente. La ramificación del abanico de las decisiones crece en progresión geométrica. Tan sólo cinco movimientos después de la posición inicial, ya plantea millones de posiciones posibles.”


   La irreflexion de hoy es sobre el paralelismo entre el ajedrez y la vida. Todos los días nos enfrentamos a posiciones en nuestro tablero a las que hay que responder. Entre la pereza y la rutina no percibimos de las posibilidades que hay escondidas detrás de cada una de nuestras piezas, o las amenazas con las que nos acecha el “contrario”. Pero al mismo tiempo analizar en exceso las situaciones que vivimos es entre inútil e imposible, no es productivo pensar más allá de unos pocos movimientos porque el tablero puede haber cambiado tanto que nuestras estrategias dejarán de tener sentido.

Circuito Polar Ártico

Facebook’s new digital storage centre
 
Cerca del Círculo Polar Ártico, al norte de Suecia, es donde Facebook tiene uno de sus centros de datos. Allí, donde es más barato refrigerar sus miles de servidores, se almacenan los reflejos de las vivencias de millones de personas de todo el planeta. Por ahora son apenas fotos, videos y comentarios circulando por sus circuitos, compartidos generosamente con la NSA. Poco a poco irán incorporándose nuevas funcionalidades para llegar algún día al momento en el que de alguna forma todos estaremos dentro de unas máquinas parecidas, rodeados de un frío polar pero felices en nuestras vidas virtuales.
 
Irreflexión en plan The Matrix, cosas de un domingo por la mañana.
 


Sin Censar

Sentado en el parque he visto una abeja que revoloteaba de flor en flor, cumpliendo su parte en el engranaje del ecosistema. No voy por el lado cursi, lo que me ha venido a la mente es que esa abeja vive en mi ciudad pero no está censada, no paga sus impuestos. Como ella las ratas, las cucarachas, las hormigas… Se puede vivir en esta sociedad sin que te tengan fichado.

Las preguntas son más importantes que las respuestas

“Far better an approximate answer to the right question, which is often vague, than the exact answer to the wrong question, which can always be made precise”. John Tukey

“We have to find a way of making the important measurable instead of making the measurable important”. Robert McNamara.

“I know half of my spend on advertising is wasted, the trouble is I don’t know which half”. John Wanamaker.