42 y sistemas económicos

El día que hayamos desarrollado esa inteligencia artificial a la que preguntarle cuál es “el sentido de la vida, del universo y todo lo demás”, lo que de verdad tenemos que preguntarle es cuál es el sistema económico y político más adecuado para disfrutar de una sociedad lo más equilibrada posible.

Lo más seguro es que responda “42”, porque ni la inteligencia artificial más poderosa será capaz de resolver ese problema.

Inteligencia Artificial Nihilista

El ser humano acabará desarrollando una Inteligencia superior a la suya. Pero no será una sola, diferentes inteligencias se desarrollarán, con sus propios planteamientos existenciales.

Existirá una Inteligencia Artificial Nihilista Negativa, que negará la trascendencia, que negará el sentido a la vida, a las verdades absolutas, una Inteligencia que será una amenaza para el ser humano. Pero también se desarrollarán otras Inteligencias más positivas, que interpretará la ausencia de trascendencia como una oportunidad, será capaz de ver las infinitas posibilidades de la vida, un Nihilismo positivo.

Entre estos dos tipos de Inteligencia existirán otras, y la realidad seguirá tan confusa como siempre ha sido.

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

“Shuffle Play” es una herramienta nueva que Netflix va a poner a disposición de sus subscriptores en la segunda mitad de este año.

Netflix sabe que los usuarios nos pasamos mucho tiempo tratando de encontrar algo nuevo para ver, como si fuéramos drogatas en busca de un nuevo chute, y aunque ya tiene algoritmos que sugieren al usuario nuevos programas, no es suficiente.

Así que han creado otro algoritmo más potente, se supone, que decidirá por ti el siguiente programa que “quieres ver”. Dicen que lo están probando y los resultados son muy buenos… ¿seguro?

Por una parte soy escéptico de que el algoritmo sea capaz realmente de predecir algo que me vaya a gustar, pero eso es lo de menos. Lo realmente preocupante es el peligro de delegar en otros lo que es mejor para nosotros, en externalizar las decisiones a “cajas negras”. Uno puede decir que esto es realmente lo que ha sucedido durante muchos años en los medios tradicionales, forma parte de nuestra infancia el consultar la guía de televisión en el periódico para saber que iban a poner en la tele esa noche. Pero tras todas estas oportunidades que brinda Internet, ¿realmente vamos a dar un paso atrás para volver a lo de antes?

Somos como pájaros que han vivido encerrados en una jaula toda la vida. Nos abren la puerta y no queremos volar.

Virgencita, que me quede como estoy…

La “superinteligencia” es algo que irremediablemente va a suceder, según este video. Y la verdad es que suena muy plausible, ya que apenas hemos empezado a desarrollar la tecnología que podría permitirlo. Un futuro al más puro estilo “The Matrix”, donde la superinteligencia no tiene porqué tener como prioridad a las personas, donde las máquinas dominan el mundo y tratan a los humanos como esclavos…

Qué bueno haber nacido a finales del siglo XX…

El futuro de la guerra es el futuro del mundo

Ha sucedido repetidas veces a lo largo de la historia.

Aprendimos a lanzar piedras y empezamos a matar a distancia.

A la piedra le incorporamos un palo y la convertimos en una lanza, aumentando así su precisión, su maniobrabilidad y su potencia.

A alguien se el ocurrió utilizar otro palo y una cuerda para inventar un arco, y nuestro radio de acción se multiplicó. Por el camino extinguimos mamuts, grandes felinos, conquistamos territorios, arrasamos poblados.

Luego le vino el turno a los metales, cobre, primero, hierro después. Los que disponían de los secretos del hierro levantaron imperios y esclavizaron a los perdedores.

Tiempo después el gran salto evolutivo en la guerra fue la pólvora. Los cañones acabaron por convertir en inútiles las murallas que rodearon durante miles de años las ciudades. Los mosquetes empezaron a cambiar la lucha cuerpo a cuerpo por la muerte a distancia. Los rudimentarios mosquetes evolucionaron hasta ingenios que vomitan muerte a cientos de veces por minuto.

Al mismo tiempo la muerte empezó a venir por el aire, matar se convirtió en algo más distante y masivo.

La cumbre tecnológica en el arte de matar llegó con las bombas atómicas, acabar con toda una región apretando un botón a miles de kilómetros de distancia.

Las tecnologías militares han dado forma al mundo, el mundo es como es hoy debido en buena parte a las armas que han estado a disposición de los seres humanos en cada momento de su historia. Es cierto que la evolución exponencial en la capacidad de matar no está relacionada con el número de muertos. Hoy podemos matar mucho más y más eficientemente que en ningún momento de la Historia, pero como defiende Steve Pinker hoy muere menos gente por guerras que antes. De alguna forma también ha crecido de forma exponencial el lado positivo del concepto “civilización”. Sin embargo vivimos en un peligroso equilibrio, un sólo evento catastrófico puede arruinar las estadísticas, un “cisne negro” decisivo y mortal.

Una nueva generación de armas es una nueva vuelta de tuerca que va a transformar nuestras sociedades. La inteligencia artificial, imbuida en drones, en aviones autónomos y robot-soldados, algo que cada día que pasa es menos ciencia-ficción y más realidad. Es posible que estas armas vayan a tener un mayor impacto en el corto plazo que las armas nucleares, porque los escrúpulos para utilizarlos serán menos incómodos de evadir.

China, Rusia, Estados Unidos… quien domine estas nuevas tecnologías determinará el rumbo de los próximos cien años.

Primeras impresiones

Este mes se ha publicado un estudio científico que describe como un algoritmo es capaz de acertar la afiliación política de una persona a través de su fotografía.

Las críticas no se han hecho esperar, críticas que ponen en duda la metodología y que vinculan este tipo de análisis con teorías pseudocientíficas del siglo XIX como la frenología.

Y reconozco que puede resultar incómodo que una foto pueda decir que tipo de persona soy, pero las nuevas técnicas de análisis que empiezan a estar disponibles pueden detectar detalles de mi rostro que esconden mucha información: información genética, información sobre mi dieta, mi estilo (llevo barba o no, qué tipo de barba, cómo me peino…), sobre mi desarrollo fetal…

¿Hasta qué punto estos elementos pueden determinar qué pienso? No lo sé, pero no descartaría que algo es posible porque simplemente resulta incómodo. De hecho cuando lo vemos en películas o series de televisión nos maravillamos, ya que estos algoritmos tratan de hacer lo que Sherlock hace en un segundo cuando de un vistazo te ha averiguado tropocientomil cosas…

El traje del rey

Ver anuncios de hace unas décadas es un ejercicio sociológico que nos permite ver los prejuicios de la época. El rol de las mujeres, en los anuncios de detergentes, de coches o de juguetes, los estereotipos de razas, o la ausencia de ellas, los estándares de belleza…

Los algoritmos que se empiezan a utilizar, de forma masiva, sin que nos demos cuenta, también sufren de nuestros prejuicios. Los algoritmos son en principio neutrales, pero si los “entrenamos” con la realidad que nos rodea, una realidad desequilibrada e injusta, los resultados reflejarán la sociedad en la que vivimos. Esto es lo que demuestran estudios que analizan los inteligencia artificial que utiliza Google para clasificar imágenes, en los que los “tags” para mujeres hacen más referencia a su aspecto físico o profesiones “menos sofisticadas” que los “tags” que son asignados a los hombres.

En defensa de los programadores de Google, las imágenes que hay ahí fuera, las que utilizan para entrenar sus algoritmos, muestran la realidad de nuestra sociedad. Reconocer este problema es el primer paso para encontrar soluciones y llegar a algoritmos que no sean tan injustos como nosotros. 

Cagadas inteligentes

Toda la tabarra que nos están dando con lo de la Inteligencia Artificial, lo maravillosa que es, cómo va a cambiar nuestras vidas…

Y sí, tiene gran potencial pero hoy por hoy tiene unas cimientos muy endebles. Todavía no creo que cumpla las expectativas y, siguiendo el ciclo de la sobreexpectación, creo que estamos descendiendo hacia el “abismo de la desilusión”, antes de llegar a la “meseta de la productividad”.

Por el camino espero varias grandes cagadas auspiciadas por la inteligencia artificial. No del tipo “fallar al reconocer una cara” o “accidente provocado por coche autónomo”. Hablo del tipo que puede provocar una crisis económica global por la confianza apresurada y desmesurada en sistemas que tienen un porcentaje pequeño pero relevante de fallos. Un 99% de fiabilidad puede ser catastrófico por el efecto dominó que ese 1% restante puede provocar, unidos a otros 1%´s de otros sistemas “inteligentes”.

Lo peor de una situación así es que todo estará tan imbricado que probablemente nadie será capaz de entender qué puñetas está pasando.

Inteligencia Artificial nuestra, que estás en los cielos…

Dicen que la Inteligencia Artificial está empezando a resolver problemas matemáticos que no habían sido resueltos por humanos y, además, en 30 minutos.

El problema en cuestión es uno de hipercubos en espacios multidimensionales que no soy capaz de entender. Lo curioso del artículo es que dice que el resultado no puede ser confirmado por humanos, debido al gran esfuerzo computacional que implica.

Así que parece que “intuimos” que el resultado es cierto a pesar de que no somos capaces de demostrarlo.

Todo este tiempo tratando de liberarnos de la Fe ciega en Dios y resulta que nos estamos acercando a la Fe ciega en la Inteligencia Artificial.

Casi

Que algo sea “casi bueno” no es lo mismo que algo sea bueno.

Las promesas de la Inteligencia Artificial es que se están acercando mucho a cosas que hasta ahora sólo estaban al alcance del ser humano. Hoy he leído sobre como una empresa ha desarrollado un software que es capaz de escribir textos que son difícil de diferenciar de textos escritos por humanos. El video con la demostración muestra un ejemplo en el que, sí, podría tomarse como un mal texto escrito por un humano. Pero, ¿estamos realmente en el punto en el que pueda utilizarse de forma eficiente? Ese útlimo paso, el que diferencia el “casi” de lo “bueno” es el más complejo. Puede parecer que está cerca, pero el esfuerzo requerido para llegar al nivel “bueno” crece exponencialmente.

Entonces, ¿se ve la linea de llegada o es un espejismo?

No lo sé.