La azarosa vida de las anguilas

Las anguilas son unos peces misteriosos que se reproducen en el Mar de los Sargazos, en mitad del Océano Atlántico. Las larvas son arrastradas por las corrientes marinas hacia las costas de Europa y Norteamérica para remontar los ríos de esas zonas, vivir más de diez años allí y volver como adultos al Mar donde nacieron, reproducirse y morir.

La Evolución produce resultados estrambóticos, rebuscados, seres de apariencia y comportamiento extraterrestre, delirante, atolondrado. Un indicio de que la Evolución es cierta, como proceso basado en cambios aleatorios y no programados que es.

Memorias remotas

Soñar que caes al vacío es algo común, mucha gente lo ha experimentado. Las interpretaciones suelen estar relacionadas con la falta de control, con el estrés…

Pero estoy leyendo “Por qué me comí a mi padre”, una novela sobre la vida de unos hombres-mono, una excusa humorística para explicar la evolución de los seres humanos. En esta novela se describe como es mucho mejor dormir en el suelo que dormir en la rama de un árbol. Cuando duermes en un árbol no es raro caerse de vez en cuando.

¿Y si el sueño de caer estuviera relacionado con una memoria ancestral, con la experiencia de dormir en los árboles durante centenares de miles, millones de años, con una experiencia tan traumática que quedó imbuida en nuestro ADN, en nuestros circuitos neuronales, una reminiscencia de nuestro pasado? 

Recurriendo a Occam

Y me encuentro a amigos y familiares dando verosimilitud a la entrevista que Cuarto Milenio ha hecho a la viróloga Li-Meng Yan, que afirma que el Covid-19 fue creado en un laboratorio.

Es difícil negar que algo existe (recordemos la tetera de Bertrand Russell), de ahí el éxito de las teorías conspirativas en la era de Internet. Así que en esta época de confusión, más que nunca, tenemos que usar el sentido común.

Primer indicio de que no tiene por qué ser un virus “fabricado”: ha pasado muchas, muchas veces, a lo largo de la Historia de la Humanidad de forma completamente natural.

Segundo indicio: la cosa esa de la evolución; los virus mutan, las condiciones en algunos sitios ayudan a la transmisión a los humanos, la gente viaja…

Tercer indicio: los que dan voz a la viróloga en cuestión tienen querencia por cosas como las caras de Bélmez, cosmonautas fantasmas y fraudes paranormales.

La hipótesis de que un virus, de forma natural, contagia a una humanidad interconectada es más verosímil que la de un virus fabricado que es propagado por villanos al nivel de los de James Bond.

¿Y si simplemente se “escapó” por accidente?, preguntarán algunos. Entonces empezaría preguntándome por qué los gobiernos más informados no utilizan esta información para culpabilizar al gobierno chino… Pero entonces es cuando empiezo a enfangarme en las tierras movedizas de las conspiraciones y, la verdad, me da mucha pereza.

Así que, por ahora, Occam gana.

Mutaciones Sociales

Siempre he sido un escéptico de las grandes conspiraciones. Y lo he sido basándome en una simple observación: la gente no es tan lista como se cree o, dicho de otro modo, somos mucho más tontos de lo que parecemos.

Lo que mueve el mundo son los intereses particulares, el egoísmo del aquí y ahora. Puede que de vez en cuando alguien piense en la posteridad y esas cosas, pero el día a día está basado en el presente y las consecuencias de lo que hacemos hoy van mucho más allá de lo que cualquier persona pueda prever.

Fuesen quienes fuesen los primeros cristianos del siglo I no anticiparon el Cristianismo en su momento, o las luchas fratricidas entre reinos medievales no tenían en mente las naciones de hoy en día, o los programadores que desarrollaron Facebook o Twitter no pensaron en las consecuencias sociales que sus líneas de código iban a tener sólo 10 años más tarde.

La sociedad avanza de una forma similar a como lo hace la evolución: a partir de cambios pequeños, de mutaciones ciegas, sin un fin determinado, pero que con el tiempo pueden tener consecuencias transformadoras. No hay un plan predeterminado, como tampoco lo tiene la Evolución.

Como en todo cambio, cuando sucede alguien se beneficia, alguien queda perjudicado, y los cambios no siempre son a gusto de todos. Crean nuevos paradigmas en los que lo que antes funcionaba ya no funciona. Como si de un cambio en las condiciones meteorológicas se tratara, y los animales que antes vivían de fruta abundante se ven condenados a desaparecer porque lo que ahora hay es sólo pasto.

Pero el que alguien se beneficie no implica predeterminación de nadie.

Lo dicho, que no somos tan listos, que simplemente nos dejamos llevar por la dirección del viento en cada momento.

Convergencias

En el libro “La vida contada por un Sapiens a un Neardental”, Juan Luis Arsuaga le habla a Juan José Millás sobre la convergencia evolutiva, y le pone como ejemplo a Hernán Cortés.

Cortés, cuando llegó a territorio azteca, reconocía lo que veía: soldados, sacerdotes, administradores, escritura, templos… A pesar de que los ancestros de Cortés y los de los aztecas se habían separado hacía miles de años, cuando todavía cazaban mamuts, ambas civilizaciones habían llegado a sociedades parecidas en lo más básico.

En la naturaleza esta convergencia se puede encontrar por todas partes. Algo tan complicado como volar ha sido alcanzado por los seres vivos a través de caminos diferentes: los insectos, las aves (reptiles), los mamíferos (murciélagos)…

El crecimiento de las sociedades humanas tiende hacia la complejidad y la especialización, éstas favorecen la desigualdad. Pero no tenemos que olvidar que no estamos al final del camino, sino que estamos en algún punto intermedio de él.

Por qué no, quizás la conciencia de la desigualdad es el mecanismo que puede ejercer de contrapeso a la brutalidad de los mecanismos evolutivos. Quizás, la justicia y la igualdad sea un punto al que se encuentre en algún lugar del camino.

Hibridación con cebolla

La Evolución “natural”, la que nos ha dado unos ojos, unas piernas, una mente con la que pensar, un culo al que apoyar el culo en el sofá para ver una serie de televisión, está cerca de hibridarse con una evolución “artificial”, dirigida, electrónica, creada por los seres humanos.

Dentro de poco años será normal disponer de dispositivos físicos que instalaremos en nuestros cerebros, que expandirán nuestras capacidades de memoria, de capacidad de procesamiento, de creatividad, que podremos actualizar con versiones más avanzadas, que crearan una nueva brecha entre los que tienen y los que no tienen.

Cuando uno piensa en las repercusiones que esto tendrá en los próximos miles de años, todas las discusiones de hoy en día, todas nuestras preocupaciones, nuestros dilemas, parecen pequeños y ridículos, a la altura de las discusiones del sexo de los ángeles o de si la tortilla de patatas tienen que tener cebolla o no.

Información

En una pequeña tarjeta de memoria puedes almacenar las obras completas de Shakespeare, Victor Hugo, Beethoven, Bob Dylan, Las Grecas y todas las películas ganadoras de los Oscars.

En algo tan pequeño como la punta de tu dedo puedes almacenar una gran cantidad de información, pero eso no es nada con la información que la vida ha sido capaz de almacenar a nivel microscópico en unas pequeñas tiras de aminoácidos. En nuestro ADN está toda la información que permite construir una nueva versión de nosotros, nuestros potenciales, nuestros debilidades y la historia de nuestra especie, se esconden los secretos de nuestra evolución, de nuestro parentesco con otros seres vivos.

El cementerio de las ideas olvidadas

Para que la evolución biológica pueda tener lugar hace falta antes una evolución física, esto es, la formación de las estrellas, de los planetas, reacciones químicas en la atmósfera, actividad volcánica… De alguna forma, todo es mundo físico que es necesario como contenedor, y concebido en principio como materia inerte, es un paso inicial imprescindible, y un acompañante necesario a lo largo de la evolución de la vida.

De la misma forma, una vez desarrollados los contenedores físicos (el planeta con las condiciones adecuadas para la vida), y el contenedor biológico (los “cuerpos” con todos sus componentes, incluido el cerebro), es el momento para el desarrollo de otro elemento, al que llamaremos la “Conciencia” a falta de otro nombre mejor.

La inteligencia desarrollada por los humanos, más allá de que existan otros animales con capacidades similares, es un punto y a parte en el desarrollo de la vida, es algo más, algo diferente, de la misma forma que el desarrollo geológico y el desarrollo biológico son diferentes. Ser capaz de la capacidad de crear conceptos, desarrollarlos, comunicarlos, de entender las dimensiones del universo desde nuestro insignificante planeta, ser capaz de desarrollar capacidades de computación que superan con creces la de nuestro propio cerebro, estar cerca del momento en el que seamos capaces de crear un nuevo tipo de “vida” diferente al biológico…

Esta, la de la “conciencia” es una inevitable y esperada tercera fase en el desarrollo del universo, que tiene que haber surgido en otras partes del mismo, y que no tiene por qué ser la última.

Pero, ¿en qué consistirá la cuarta fase?

Estamos en la Tercera Fase

Para que la evolución biológica pueda tener lugar hace falta antes una evolución física, esto es, la formación de las estrellas, de los planetas, reacciones químicas en la atmósfera, actividad volcánica… De alguna forma, todo es mundo físico que es necesario como contenedor, y concebido en principio como materia inerte, es un paso inicial imprescindible, y un acompañante necesario a lo largo de la evolución de la vida.

De la misma forma, una vez desarrollados los contenedores físicos (el planeta con las condiciones adecuadas para la vida), y el contenedor biológico (los “cuerpos” con todos sus componentes, incluido el cerebro), es el momento para el desarrollo de otro elemento, al que llamaremos la “Conciencia” a falta de otro nombre mejor.

La inteligencia desarrollada por los humanos, más allá de que existan otros animales con capacidades similares, es un punto y a parte en el desarrollo de la vida, es algo más, algo diferente, de la misma forma que el desarrollo geológico y el desarrollo biológico son diferentes. Ser capaz de la capacidad de crear conceptos, desarrollarlos, comunicarlos, de entender las dimensiones del universo desde nuestro insignificante planeta, ser capaz de desarrollar capacidades de computación que superan con creces la de nuestro propio cerebro, estar cerca del momento en el que seamos capaces de crear un nuevo tipo de “vida” diferente al biológico…

Esta, la de la “conciencia” es una inevitable y esperada tercera fase en el desarrollo del universo, que tiene que haber surgido en otras partes del mismo, y que no tiene por qué ser la última.

Pero, ¿en qué consistirá la cuarta fase?

Mucho lío para ser hecho por alguien

Las salpas son unos seres marinos similares a las medusas, con un cuerpo translúcido y un incipiente sistema nervioso. Ver este ser es como ver un ser de otro planeta. Y lo mismo se puede decir de multitud de otros seres, marinos, microscópicos, insectos… La increíble variedad de seres vivos es otro síntoma de que en este planeta, en este Universo, somos sólo una más de las posibilidades en las que se ha manifestado la vida, que todo esto que está montado a nuestro alrededor no fue hecho para nosotros, que no somos el centro de nada.