Escenas Memorables: Mi nombre es Iñigo Montoya…

“Mi nombre es Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir”

Toda una vida esperando este momento, el gran Iñigo Montoya (Mandy Patinkin, el Saul Berenson de Homeland, que inició su carrera cantando en musicales de Brodway) por fin logra vengar a su padre en una de las mejores escenas de la memorable Princesa Prometida.

Escenas memorables: La Parte Contratante

  Películas difíciles de digerir, pero escenas gloriosas. La parte contratante es mítica:

  El camarote de los hermanos Marx, genial:
  No recordaba la escena del espejo, fantástica:

Escenas Memorables: Indemnización en Diferido

“La indemnización que se pactó, fue una indemnización en diferido, y como fue una indemnización en defini… en diferido, en forma efectivamente, de simulación de… simulación o de lo que hubiera sido en diferido en partes de una… de lo que antes era una retribución tenía que tener la retención a la seguridad social, es que sino hubiera sido… Ahora se habla mucho de pagos que no tienen retenciones a la seguridad social ¿verdad? pues aquí sez se quiso se quiso hacer como hay que hacerlo, con la retención a la seguridad social.”

El Gran Wyoming y Tomatito hicieron honor a la intervención de la poetisa Maria Dolores de Cospedal transformando su obra más surrealista en un fandango:

Escenas Memorables: Pajares y Esteso

Con esta entrada me estoy retratando, pero vamos, es lo que hay.
Pajares y Esteso forman parte de mi pre-adolescencia, representan un humor cutre pero entrañable, a pesar de todos los peros que se les pueda sacar. No he encontrado en youtube las escenas que más recuerdo, como en la que en “Los Bingueros” cantan “Hilera!”, o en “Yo hice a Roque III”, cuando venden puerta por puerta el suavizante “Pilón”, pero aquí van un par de videos.
(Antonio Ozores merece una entrada aparte).

Escenas Memorables: Cantinflas – Yo invito, los señores pagan

Las películas de Cantinflas suelen ser difíciles de digerir, pero eso no quita que tenga momentos gloriosos.

Escenas Memorables: Matar al Malo

En el cine el malo suele morir. No lo pilla la policía para que lo encarcelen, no. Mis recuerdos son que de alguna forma los guionistas se las ingenian para fuliminarlo, unas veces de forma más sutil, como que el bueno se ve obligado a cargárselo en defensa propia, o por la torpeza del malvado, que al final le da por caerse por un precipicio.

Pero en otras ocasiones los guionistas no se andan con contemplaciones y se recrean en el momento con una mezcla de poesía y toques de psicopatología, como este final de una de las pelis de Harry el Sucio, con su legendaria perorata de cuántas balas le quedan en su Magnum 44:


En este ejemplo de una película de Jodie Foster que pasó hace unos años sin pena ni Gloria, la protagonista no recurre ni a la defensa propia, toda una declaración de principios: