Muñecas rusas televisivas

En el 2001 un concursante gano el premio gordo en el concurso “¿Quieres ser millonario?”, en la versión del Reino Unido, país en el que este concurso se creó. Pero los productores del programa acusaron a este concursante de hacer trampas, según decían, ayudado por un par de personas en el estudio que tosían cuando la respuesta correcta era nombrada. Este concursante y sus compinches (su mujer entre ellos) fueron acusados y condenados por estas supuestas trampas. “Supuestas”, porque casi veinte años después el concursante y su mujer siguen negando los hechos (parece ser que incluso rechazaron 650.000 libras por confesar en un periódico como hicieron trampas).

De estos incidentes han hecho una serie de televisión de 3 capítulos, Quiz, que está entretenida, producida por la propia cadena en la que se creó el concurso, ITV, y que después de verla te deja en la duda de saber si el concursante hizo trampas o no.

Un par de irreflexiones a partir de esto:

  • Incluso con hechos tan recientes como estos, hace menos de veinte años, con todos los personajes principales vivitos y coleando, no somos capaces de saber si algo es verdad o no.
  • Se hace una serie sobre un programa de televisión (ya se hizo un documental sobre estos hechos hace años). ¿Para cuando una serie sobre el rodaje de un serie que se basa en un programa de televisión? Sería como una sucesión de muñecas rusas que se podría extender hasta el fin de los tiempos…

Sugar Man: Universos Paralelos

Había leído algo sobre este documental, Searching for Sugar Man, pero hasta ayer no lo había visto:
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(Advertencia: Spoiler! Si quieres ver el documental, y lo recomiendo, no sigas leyendo…)
Un cantautor latino, de nombre Sixto Rodriguez, publica un par de discos a principios de los 70 en Estados Unidos, pero fracasan comercialmente y nada más se vuelve a saber de él.
De alguna forma estos discos llegan a la aislada Sudáfrica del Apartheid de los 70 y 80 y se convierten en un éxito a la altura de Los Beatles o Elvis. Pero nadie sabe nada de Rodriguez, sólo rumores, rumores que coinciden en que se suicidó a principios de los 70 durante un concierto, unos dicen que pegándose un tiro en la cabeza, otros quemándose vivo frente a su público.
Sin embargo, Sixto Rodriguez sigue vivo. Tras intentar publicar su tercer disco, que no llega a ver la luz, deja la música y vuelve a una vida normal, como un trabajador anómimo de la construcción. No tiene ni idea de su éxito en Sudáfrica, el dinero no le llega porque, presumiblemente, el antiguo propietario de su discográfica se lo está embolsando.
A medidados de los 90, coincidiendo con la republicación de uno de sus discos, un par de fans de Rodriguez quieren saber más de él. Siguen la pista del dinero y, tras algún tiempo, descubren que… está vivo! Entusiasmados, contactan con él y lo traen a Sudáfrica, donde es recibido como una estrella y ofrece una serie de conciertos.
Una historia increible, que probablemente no va a suceder otra vez en este planeta interconectado en el que vivimos, que es fruto de las particularidades de un mundo aislado como fué el Apartheid de Sudáfrica.
Una historia que deja un poso a mitad camino entre la esperanza y la frustración. Es una demostración de que todos somos la consecuencia de las decisiones que hemos tomado, de las que han tomado otros, de las fuerzas que  nos han empujado, de las casualidades, de los vientos, de la inercia. Somos lo que somos, pero otro Yo podría haber exisitido si el camino hubiera sido otro. 
Otro Yo, mejor, peor, igual, diferente.
Otro Yo podría haber existido. Otro Yo todavía puede existir. 
Antes de que sea demasiado tarde.

Ben-Hur y Billy el Niño

  Lewis Wallace terminó de escribir Ben-Hur hacia el final de su mandato como gobernador de Nuevo Méjico (1878-1881). Sobre estas fechas también dictó una orden de muerte contra Billy el Niño.

  El gobernador había ofrecido una amnistía a los participantes en un altercado en Lincoln, pero faltó a su palabra y a pesar de que Billy el Niño iba a colaborar con la Justicia, fue encarcelado. Pero éste escapó, matando a dos guardianes que le custodiaban en su huida.

  El sheriff Pat Garret, meses después, lo mató en una confusa noche. Tan confusa que hay quien dice que Billy no murió aquella noche.

 

Mininos de la CIA

¿Utilizar un gato para espiar al enemigo? Con la tecnología actual no parece descabellado, le puedes poner un min micrófono, un transmisor, y lo entrenas para que con su cara de yonoherotounplato se acerque al objetivo y se ponga a lamerse las patas.

Pero a principios de los años 60, que es cuando los de la CIA tuvieron esta ocurrencia, el concepto de “mini” rondaba otras escalas. El caso es que durante varios años gastaron millones de dólares en esto, operando minínos para introducirles baterías en sus cuerpos, micrófonos en los oídos y antenas en las colas.

El problema es que entrenar un gato tiene su aquel. Después de 5 años de adiestramiento, con probablemente muchos gatos destripados de por medio, se estrenaron con una operación en la que el felino tenía que rondar a dos rusos en un parque, pero nada más salir, Zas!, fue atropellado por un taxi.

Al poco cancelaron la operación. No se sabe nada de lo que le pasó al que tuvo la idea.

La tal Maricastaña

“…los tiempos de Maricastaña.”

No sé si he utilizado mucho esta frase hecha, pero desde luego me suena. A todos nos suena, ¿no?

Pues “los tiempos de Maria Castaña” es finales del siglo XIV, concretamente 1.386, que es cuando esta señora lideró una revuelta en Lugo contra los impuestos que el obispo del lugar cobraba. Acabó apresada y obligada a donar sus bienes a la Iglesia.

Música dodecafónica

Música en la que las 12 notas básicas se distribuyen por igual en la melodía, más o menos


El compositor austriaco Arnold Schoenberg (1874–1951) tuvo la ocurrencia en los años veinte del siglo pasado de componer música de esta guisa, y el resultado es ese tipo de melodías que hace que te chirríen los dientes, perfecta para películas de miedo.


L’Inconnue de la Seine

  Alrededor de 1880 el cuerpo sin vida de una joven fue encontrado en el Sena. No pudo ser indentificada, y en la morgue la pusieron en una habitación especial en la que las personas que buscaban a seres queridos podían verlos a través de un cristal. Era una época sin cine, televisión o Internet con el que matar el tiempo y este tipo de lugares eran atracciones morbosas en las que pasar la tarde. Pronto se corrió el rumor de que una joven especialmente bella había muerto y fueron muchos los que fueron a verla. 


  Le hicieron una máscara mortuoría para facilitar su identificación después de ser enterrada. En aquella época, no era infrecuente hacer máscaras a los fallecidos con el fin de mantener su recuerdo, costumbre que la fotografía acabó por extinguir.


  No se sabe muy bien cómo, pero la máscara de ésta joven acabó reproduciéndose multitud de veces y se convirtió en una morbosa atracción en la París bohemia del momento, objecto de discusiones artísticas por una sonrisa la altura de la mismísima  Mona Lisa.

  Más de medio siglo después, en Estados Unidos, dos hombres debaten sobre qué cara va a tener el muñeco de prácticas de reanimación que están diseñando. Concluyen que tiene que ser un rostro que no incomode, hay que practicar cosas como el boca a boca, y deciden que va a ser el de una mujer. Una tarde uno de ellos ve por la ventana a una joven que tiene la máscara de la desconocida del Sena. Decide que ese va a ser el rostro a utilizar.

 

  Desde entonces es el rostro más utilizado en los muñecos de reanimación, millones de personas han sido entrenadas con él, personas que han salvado probablemente millones de vidas. Y aprendieron a hacerlo con un muñeco que tiene el rostro de una desconocida que murió hace más de 100 años en el Sena.