El “actor” Alatriste

En las novelas de Pérez Reverte hay un personaje que se repite una y otra vez: el Capitán Alatriste. Ese héroe sobrio, solitario, valiente, desencantado, receloso, escéptico, leal con quien lo merece, es también el espía “Falcó”, es el Cid de la novela “Sidi”, son varios personajes de “La Sombra del Águila” o de “Línea de Fuego”. Como si se tratara de un actor que se disfraza y maquilla para la ocasión en cada una de las historias, pero que siempre utiliza la misma mirada, el mismo tono de voz, la misma media sonrisa.

No es una crítica negativa, todo lo contrario. Los escritores pueden escribir muchos libros con multitud de argumentos, pero lo habitual es que lo que cuentan es lo que les pasa a unos mismos personajes en contextos diferentes. Y una de las formas de hacer esto es a través de unos personajes sólidos, creíbles, cercanos, que los entiendes, que los sientes.

Pérez Reverte ha conseguido esto a través de ese arquetípico Alatriste que recorre sus novelas. Me gustan sus historias porque me siento identificado con ese personaje, hasta tal punto que si me preguntas por el argumento de ésta o aquella novela muchas veces no sabría describírtelo bien a pesar de que haya disfrutado leyéndola, porque lo que recuerdo es más los personajes que la historia.

Esto es todo un logro, es la razón por la que Pérez Reverte es uno de los grandes escritores de esta confusa época que nos ha tocado vivir.

Intuiciones

En ocasiones es necesario un buen plan para que las cosas lleguen a buen puerto. Pero no siempre. Son innumerables los ejemplos de películas con presupuesto de millones de dólares que han estado en manos de gente inexperta que no sabía lo que hacía, lo que no ha impedido que se hayan convertido en obras maestras y éxitos comerciales.

Ya, claro, y hay muchos ejemplos también de fracasos rotundos, pero a lo que voy es a que hay algo de magia que se pierde cuando se trata de poner todo en un plan milimetrado. Es necesario cierto nivel de anarquía, sobre todo al inicio de un proyecto, para conseguir la magia que permite llegar a ideas realmente rompedoras, porque lo que hay al principio no son ideas totalmente racionalizadas, sino intuiciones que todavía tienen que ser pulidas, que necesitan ser maduradas, que necesitan de algo de fe, antes de que la lógica lo ensucie todo.

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La primera vez en la Historia del Universo

La vida está repleta de territorios inexplorados. Estas mismas líneas son un ejemplo, ya que nadie en toda la historia de la humanidad, en toda la historia del Universo ha escrito estas mismas frases que estoy escribiendo ahora mismo. Soy el primero en llegar aquí, el explorador que ha conseguido enlazar estas letras, el autor original de estas palabras encadenadas, el descubridor que ha conseguido llegar al final de estas grafías.

¿Demasiado tarde para aprender algo nuevo?

¿Es demasiado tarde para aprender Python? A mis casi 48 años estoy tratando de aprender a programar en este lenguaje con el fin de actualizarme y desarrollar algunos proyectos personales, tratándolo como si fuera un hobby. Pero el fin es ver si me puede servir en el trabajo, en el que tengo ahora y en futuros trabajos que pueda tener en el futuro.

Programar siempre me ha parecido algo creativo, lo descubrí siendo un adolescente pero no me formé en ello, lo redescubrí con más de treinta años y me sirvió para desarrollarme profesionalmente, aunque sólo fuera haciendo VBA en MS Access y Excel. Luego, al convertirme en manager le dejado la programación a otras personas de mi equipo, pero siento que hay mucho más que se puede hacer con herramientas como Python. Conociéndolo más me permitirá gestionar mejor los proyectos en los que lo estamos utilizando.

El problema es la disyuntiva entre entrar demasiado en el detalle, que es algo difícil de gestionar cuando tu equipo crece, y mantener una gestión más “estratégica” de tu equipo. Pero no me quiero convertir en un burócrata, en una persona que gestiona por el mero hecho de gestionar, sin entender el detalle. Sobretodo porque siento que pierdo la parte más creativa del trabajo.

Empieza con un problema

“Every creative journey begins with a problem. It starts with a feeling of frustration, the dull ache of not being able to find the answer. When we tell one another stories about creativity, we tend to leave out this phase of the creative process. We neglect to mention those days when we wanted to quit, when we believed that our problems were impossible to solve. Instead, we skip straight to the breakthroughs. The danger of telling this narrative is that the feeling of frustration – the act of being stumped – is an essential part of the creative process. Before we can find the answer – before we probably even know the question – we must be immersed in disappointment, convinced that a solution is beyond our reach. It’s often only at this point, after we’ve stopped searching for the answer, that the answer arrives. All of a sudden, the answer to the problem that seemed so daunting becomes incredibly obvious”.


The Guardian, “The neurosience of Bob Dylan´s genious

Fricción

Reducir los pasos necesarios para conseguir algo es lo que David Pogue llama Fricción en este artículo. Pone como ejemplo la compra en una tienda de Apple, en la que pudo coger una funda para uno de sus gadgets simplemente cogiéndolo de la estántería, escanearlo y pagarlo con su iPhone, usando una aplicación específica, y salir tan tranquilo de la tienda. Sin que  hiciera falta que ningún empleado le atendiera.