Black Mirror hace 100 años

Una de las series de televisión que más me ha gustado en los últimos años es Black Mirror, serie en la que se plantea como unas innovaciones tecnológicas plausibles y cercanas pueden afectar a las personas en un futuro próximo: implantes cerebrales que graban todo nuestro día a día, recreaciones virtuales de personas fallecidas, monitorización extrema en las redes sociales… La tecnología nos cambia y es interesante jugar con estas ideas de “ciencia-ficción a la vuelta de la esquina” con el fin de anticipar como nos va a cambiar.

¿Qué historias podría haber escrito un autor en el año 1900 siguiendo el mismo planteamiento? Los escritores de hace más de cien años, como Julio Verne o H.G. Wells, centraron sus creaciones en los inventos y en hechos más grandilocuentes, como submarinos, viajes a la Luna, o la genética, no se centraron en el día a día de personas comunes, enfoque que Charlie Brooker, dio a Black Mirror. Hubiera sido interesante leer historias que especularan con el efecto de la nueva luz eléctrica disponible a cualquier hora del día o de la noche; la posibilidad de hablar a cientos, miles de kilómetros con cualquier persona; ser capaces de ir y volver de vacaciones a otro país en una sola semana; que millones de personas se entretengan viendo lo mismo desde sus casas, a través de algo que llaman “televisor”…

Tantas y tantas cosas que hoy son absolutamente normales en nuestro día a día, que hemos normalizado, sin ser capaces de entender hasta que punto nos han cambiado.

Comunicarse

“Space Sweepers” es una película coreana de ciencia ficción, que muestra un futuro distópico de desigualdades sociales, de naves espaciales y de contaminación.

Más allá de la trama, que es una vuelta de tuerca a las mismas historias distópicas, lo que me ha llamado al atención es la mezcla de lenguas que se muestran en la película: koreano, inglés, danés, español, portugués… Los personajes hablan en su propio idioma porque todos tienen un aparato enganchado a la oreja que les hace traducción simultánea.

Es un invento que no parece demasiado irreal, viendo como evolucionan los esfuerzos en traducir los diferentes idiomas. Poner hoy en Google Translate una noticia en español para que te la traduzca al inglés, o viceversa, seguramente no te dará unos resultados espectaculares pero la esencia de la noticia estará ahí. Comparado con las posibilidades hace 20 años es mucho, porque hace 20 años no había nada, así que dentro de otros 20…

Lo interesante será ver como una tecnología como ésta puede afectar la evolución del lenguaje y a toda la sociedad. ¿Acelerará o ralentizará el ritmo de cambio de una lengua? ¿Favorecerá el entendimiento entre personas de diferentes sociedades?

No sé, veremos que sucede. En todo caso, desarrollar esta tecnología suena como una muy buena idea, todo lo que sea entendernos mejor no puede ser malo.

Back to the Fluzo

La Teoría de la Relatividad predice que en dos objetos moviéndose a distinta velocidad, el reloj del objeto más lento irá más deprisa que el reloj del objeto más rápido, algo tan real que los satélites que orbitan la Tierra cuentan con este efecto para ajustar el tiempo que miden con sus relojes.

Una física australiana, Joan Vaccaro, propone una nueva teoría según la cual esta “dilación” de tiempo también podría suceder a nivel quántico, sin velocidades diferentes de por medio. Este año se está realizando un experimento, que durará meses ejecutarlo y otro tanto para analizar sus resultados, en un reactor nuclear. Si se comprueba que los relojes que sitúan en diferentes lugares del reactor marcan diferencias consistentes con esta teoría, se convertirá en un descubrimiento a la altura de los que Albert Einstein realizó a principios del siglo XX.

El “condensador de fluzo(*)” podría estar más cerca de lo que parece…

(*) Lo de “fluzo” fue una mala traducción en el doblaje español de “Regreso al Futuro”

Le llegó el tiempo al Tiempo

En 1881 el diplomático y escritor español Enrique Gaspar escribió “El Anacronópete”, la primera historia en la que unas personas viajan en una máquina del tiempo al pasado. Esta historia precede a las de H.G. Wells, “The Chronic Argonauts”, de 1888, y “The Time Machine”, de 1895. En 1889 Mark Twain escribió “A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court”, el mismo año que Lewis Carrol escribió “Sylvie and Bruno”, donde unos niños utilizan un reloj para viajar en el tiempo, y también en 1881 una pequeña historia publicada en un periódico por Edward Page Mitchell, “The Clock that Went Backwards”, también los protagonistas viajan al pasado con la ayuda de un reloj.

Es improbable que todas estas historias se influyeran las unas a las otras. ?Es posible que una pequeña historia escondida en un periódico en 1881 influyera a Mark Twain? Puede ser, pero el escritor español escribió su historia el mismo año mientras trabajaba como diplomático en China, en la China de 1880… En la década de 1880 la información no viajaba como hoy en día, lo más probable es que el contexto de avance de la ciencia influyó para que la imaginación de diferentes escritores crearan historias de viajes en el tiempo, independientes las unas de las otras.

Un ejemplo de “Descubrimiento Simultáneo”, como lo fueron el desarrollo del cálculo matemático (Newton y Leibniz) o la agricultura (en Oriente Medio, en China y en América.

42

En “La guia del autoestopista galáctico” una civilización extraterrestre crea un superordenador y le preguntan cuál es el “sentido de la vida, el Universo y todo lo demás”. El ordenador, 7 millones y medio de años después, contesta: 42.

Una pregunta ambigua, lleva a un esfuerzo importante para dar una respuesta inútil. Esto no es sólo una broma en un libro de ciencia-ficción, forma parte del día a día que nos rodea. Porque todos queremos respuestas directas, concisas, iluminadoras, que nos guíen, que nos salven el día, que nos liberen de esta realidad compleja, pegajosa, incómoda, en la que estamos inmersos.

Trabajo en el mundo del “data”, y éste es el problema más importante al que me tengo que enfrentar todos y cada uno de los días. El problema de las expectativas de solucionarlo todo con un gráfico, la frustración de tener que responder a preguntas mal formuladas, el desafío de explicar que lo que te están pidiendo no tiene sentido, la obligación de tener que entregar algo aunque sepas que no va a ser aprovechado, las dificultades de centrar tus esfuerzos en lo que realmente tiene más valor, frente a dedicarlos a objetivos más vacíos e innecesarios…

Todos quieren un número que lo explique todo, un “42” que les lleve directos al Nirvana, un éxtasis de iluminación, un número que les revele el sentido de la vida, del universo y de todo lo demás. Pero, claro, no está en mis planes dedicarle siete millones y medio de años para cada una de estas peticiones, y tanta expectativa se me hace un poco pesada.  

Entender el contexto

Mi hijo de trece años está leyendo “20,000 leguas de viaje submarino”. En uno de los párrafos, el narrador cuenta que los pasillos del submarino estaban iluminados con luz eléctrica.

Para entender debidamente el libro hay que recordar que la luz eléctrica todavía no era algo habitual en aquella época. Diversos inventores habían desarrollado varios tipos de bombillas, pero no fue hasta unos diez años después que Edison tuvo éxito al comercializarlas. Así que esa línea de “pasillos iluminados eléctricamente” era una visión comparable hoy a la de ordenadores cuánticos, o viajes a Australia en dos horas.

Tener presente el contexto ayuda a disfrutar más las historias que lees, y a entender mejor su significado.

Marylin Predeterminada


La serie “DEVS” plantea la posibilidad de un super-ordenador que es capaz de calcular toda la secuencia de causas y efectos del Universo, de tal forma que es capaz de reproducir cualquier momento del pasado y predecir el futuro.

Con este ordenador se puede ver a Jesucristo en la cruz, a Juana de Arco ardiendo en la hoguera o a Marilyn Monroe haciendo el amor con Arthur Miller.

Este planteamiento está basado en la percepción de que sólo nuestra falta de conocimiento de la realidad y la falta de mecanismos para medirla es lo que nos impide entenderla en su totalidad y predecirla.

Pero desde que llegó la física cuántica a nuestras vidas se añadió una buena ración de aleatoriedad a la realidad, de tal forma que esa visión predeterminista dejo de parecer posible.

Por otra parte está el problema del esfuerzo que sería requerido para construir un ordenador como el descrito en la historia. Para calcular el comportamiento de todas las partículas del Universo harían falta más partículas de las que hay en el Universo.

Pero bueno, quién sabe. El primer paso para que algo suceda es que alguien lo imagine. A lo mejor un día alguien encuentra la forma de ver a Marilyn en la intimidad.

Universos Virtuales Paralelos

Llegará el momento que la tecnología permitirá explorar cómo reaccionarías en diferentes situaciones. El sistema recogerá toda la información sobre nosotros y nuestro entorno y calculará tu comportamiento más probable cuando una persona te amenace en la calle, si le pides a tu jefe un aumento de sueldo, se te lo piden a tí, cómo reaccionarías si pierdes el trabajo, o tú mujer. Al mismo tiempo calculará las probabilidades de los comportamientos de los demás, de tal forma que se convertirá en un entorno de pruebas en los que de forma segura analizaremos el siguiente paso que tenemos que dar en nuestras vidas.
Esto será posible, y da yu-yu.

Imaginar, un gran paso para la Humanidad

Julio Verne escribió “De la Tierra a la Luna” e inspiró a muchos, entre ellos a Konstantin Tsiolkovsky, una de las personas que desarrolló los fundamentos teóricos que permitieron hacer llegar el hombre a la Luna.


Antes de que algo suceda hay que imaginarlo, y ese primer paso muchas veces no está en los ingenieros que desarrollan la tecnología, está en los soñadores que lo imaginan.