30 años no son nada

Una de las cosas que me sorprendían cuando leía en el colegio los libros de historia es lo rápido que algunos países cambiaban sus alianzas en las guerras. Una década España luchaba contra Francia, la siguiente se aliaba con Francia para luchar contra los Ingleses. ¿Cómo podía suceder algo así? ¿No eran enemigos? ¿Ahora son aliados?

Pero me hecho mayor, he sido testigo del paso del tiempo durante un buen puñado de décadas, y lo entiendo mejor. En los últimos 30 años he presenciado la caída del Muro de Berlín y de la Unión Soviética; el auge de China como superpotencia capitalista; la desintegración de países, de forma violenta, como Yugoslavia, o de forma pacífica, como Checoslovaquia; guerras salvajes como las de Ruanda o el Congo; la caída de las Torres Gemelas, las invasiones de Afganistán e Irak, las revoluciones árabes; la llegada de un afroamericano a la presidencia de Estados Unidos, y también la llegada de un señor anaranjado; la irrupción de Internet, de las redes sociales, de los móviles; varias crisis económicas globales; una pandemia. Todo esto en poco más de 3 décadas, en lo que viene a ser una generación.

Volviendo a mi juventud, cuando me sorprendía de que las cosas cambiaran tanto entre, por ejemplo, 1630 y 1660, bueno… Pues sí, las cosas pueden cambiar bastante en un puñado de años.

Black Mirror hace 100 años

Una de las series de televisión que más me ha gustado en los últimos años es Black Mirror, serie en la que se plantea como unas innovaciones tecnológicas plausibles y cercanas pueden afectar a las personas en un futuro próximo: implantes cerebrales que graban todo nuestro día a día, recreaciones virtuales de personas fallecidas, monitorización extrema en las redes sociales… La tecnología nos cambia y es interesante jugar con estas ideas de “ciencia-ficción a la vuelta de la esquina” con el fin de anticipar como nos va a cambiar.

¿Qué historias podría haber escrito un autor en el año 1900 siguiendo el mismo planteamiento? Los escritores de hace más de cien años, como Julio Verne o H.G. Wells, centraron sus creaciones en los inventos y en hechos más grandilocuentes, como submarinos, viajes a la Luna, o la genética, no se centraron en el día a día de personas comunes, enfoque que Charlie Brooker, dio a Black Mirror. Hubiera sido interesante leer historias que especularan con el efecto de la nueva luz eléctrica disponible a cualquier hora del día o de la noche; la posibilidad de hablar a cientos, miles de kilómetros con cualquier persona; ser capaces de ir y volver de vacaciones a otro país en una sola semana; que millones de personas se entretengan viendo lo mismo desde sus casas, a través de algo que llaman “televisor”…

Tantas y tantas cosas que hoy son absolutamente normales en nuestro día a día, que hemos normalizado, sin ser capaces de entender hasta que punto nos han cambiado.

Drones Temporeros

Una empresa israelí ha desarrollado un dron que recoge fruta. Es capaz de seleccionarla en función de su grado de madurez, dejarla en una caja y buscar la siguiente. A cualquier hora del día, durante las horas que haga falta, proporcionando información en tiempo real de estado de la cosecha.

Supongo que esta tecnología tendrá sus peros, todavía no será totalmente funcional, pero es sólo cuestión de tiempo que se perfeccione y ejecute este trabajo mejor que una legión de temporeros.

El mundo cambia, y cambia, y cambia…

Sobre las cosas del querer

La serie de televisión “Soulmates”, creada por uno de los guionistas de Black Mirror, narra un futuro cercano en el que una empresa ofrece la posibilidad de encontrar a tu “alma gemela”.

A partir de esta premisa, cada capítulo cuenta una historia diferente, en la que las personas, la mayoría de ellas ya casadas, se encuentran ante la tentación y el dilema de conocer a verdadera media naranja.

Me gustan este tipo de historias porque más allá de entretenerte te ofrecen la posibilidad de repensar cosas cotidianas. Aunque en este caso nunca he creído en el concepto de “alma gemela”. De hecho considero que es hasta dañino, por el componente de predestinación que conlleva.

Una relación empieza por las circunstancias: te encuentras por casualidad por ahí, amigos de amigos, trabajo, universidad… Hay un componente totalmente azaroso en esto. Luego es cuando viene lo interesante y lo complicado: conocerse, entenderse, disfrutarse. Una relación no está predestinada, hay que trabajarla, y es en ese trabajo donde está el quid de la cuestión. Está la atracción, absolutamente necesaria, pero está también el “querer quererse”.

¿Me hace esto menos romántico? Supongo que es cuestión de gustos, pero para mí es mucho más romántico pensar que si estoy con alguien es porque yo lo he decidido, porque yo me lo he currado, que pensar que si estoy por alguien es porque “alguien o algo” lo ha decidido por mí.

Pregunta cuándo

Los titulares alarmistas suelen captar tu atención, no es fácil de evitar. Hoy acabo de leer uno que puede entrar dentro de este territorio, pero que resulta convincente. Va sobre burbujas financieras, sobre lo mal que pinta el ritmo de crecimiento en diferentes areas: la deuda, la bolsa, el valor de las casas, las criptomonedas… Y lo que es peor, según este artículo la crisis que puede venir como consecuencia del estallido de la burbuja será peor que en crisis anteriores debido a que esta vez la burbuja ha entrado en territorios globales, diversos y “contradictorio” (las medidas para frenar una de los problemas son las medidas para incentivar los otros).

Una crisis más, una grande y gorda. La vida está llena de ellas, si este tipo no acierta con su pronóstico, acertará otro. Es como lo del meteorito, la pregunta no es si un gran meteorito se estrellará contra la Tierra, la pregunta es cuando.

Inercia

Elon Musk decide invertir en Bitcoins a través de Tesla. 1.500 millones de dólares, dentro de poco aceptará Bitcoins como pago para sus coches.

Las monedas virtuales son algo nuevo y volátil, misteriosas, existen varias que luchan por hacerse con el control de nuestras transacciones. Pero han llegado para quedarse. El mecanismo de los últimos siglos en los que los gobiernos centrales de los países tienen el monopolio de la creación de moneda está llegando a su fin.

En un mundo globalizado en el que la tecnología permite repensar el cómo se han hecho las cosas hasta ahora, tiene sentido. Las criptomonedas son un síntoma más de que el concepto de nación-estado está en sus últimos estertores. A las multinacionales eso de las fronteras no les dice nada, la empresa en la que trabajo, por ejemplo, está en un proceso de externalizaciones que está durando años y este mismo mes han despedido a gente en Inglaterra para crear esos mismos puestos de trabajo en Polonia. Me puede parecer mal, como le parecía mal a un ibero del siglo II a.C. las invasiones romanas, o a un artesano del siglo XVIII le podía parecer mal la irrupción de los telares, o a un arriero de principios del siglo XX la irrupción de los camioneros. Me puede parecer mal, estoy en mi derecho al pataleo.

Pero la irrupción de las criptomonedas, la hegemonía de las organizaciones privadas transnacionales, la caída de los estado-nación son cosas de la inercia histórica. Ni mejor ni peor. No es que el mundo en el que estamos viviendo hasta ahora sea un ejemplo de perfección, ¿no? Quizás, quién sabe, lo que viene no sea tan malo.

Suficiencia energética

El ingeniero asturiano Omar Suárez ha construido una casa 100% desconectada de la red eléctrica, una casa que se nutre de la luz solar en la muchas veces nublada Asturias.

Paneles solares que revisten su exterior, suelos radiantes con tubos de agua que controlan la temperatura de la casa y, voilá, tienes una casa que hasta le sobra energía para calentar el agua de la piscina.

Hoy por hoy es caro construir este tipo de casas, sólo los más acaudalados pueden permitírselo, pero si la tecnología existe llegará el momento que será más barata y más avanzada.

No importa que creas que el cambio climático es un bulo auspiciado por los progres de la Tierra para acabar con el status quo. Si no es necesario abrir grandes agujeros de la Tierra para sacar combustibles fósiles, no lo hagamos. Si es posible no tirarle el humo a la cara a la gente, no lo hagamos. Incluso para los libertarios más extremistas estas tecnologías ofrecen la posibilidad de ser totalmente independiente de la sociedad, uno de sus sueños más húmedos hecho realidad.

Así que no pongamos trabas a estas innovaciones, vigilemos que las grandes perdedoras de estas innovaciones, las eléctricas, no le pongan palos en las ruedas.

¿Caviar caro? Bien.

Para mí, el caviar iraní siempre ha sido el estereotipo de objeto de lujo. Creo que nunca he probado caviar de verdad, sólo sucedáneos, pero la verdad es que nunca me ha llamado la atención. Siempre he tenido clara la diferencia entre precio y valor. El precio es sólo el resultado de la combinación de la oferta y la demanda, un precio alto no quiere decir que algo sea mejor. Estoy convencido que, por ejemplo, un buen huevo frito, con su puntilla es un manjar que es superior al caviar, si los huevos fritos fueran más escasos que el caviar tendrían un precio más alto. Otro ejemplo es el aire que respiramos, seguramente el bien más valioso que está a nuestro alcance pero, ¿cuánto pagamos por él? Nada.

Hoy no pagamos por el aire, resulta raro pensar en ello. Pero no es tan difícil imaginar un futuro en el que la calidad del aire sea tan peligrosa que las empresas la vean como una oportunidad de negocio. De hecho, esto ya existe, si pensamos en la venta de purificadores de aire, un negocio que empieza a ser considerable especialmente en las urbes donde la contaminación es elevada.

Llevado a un extremo, podríamos llegar a situaciones en las que botellas de oxígeno sean absolutamente necesarias para sobrevivir: las necesitarían unos colonos en Marte, o los supervivientes de una hecatombe nuclear, por ejemplo.

Ojalá no lleguemos a situaciones en lo que lo más básico sea extremadamente caro. En cierto sentido, que existan cosas superfluas y caras, como el caviar, es un síntoma del nivel de abundancia de una sociedad.

El origen de cualquier nación

Los españoles somos descendientes de soldados romanos que fueron licenciados en la península ibérica tras derrotar, someter y emulsionarse con sus habitantes.

De la misma forma que los mejicanos, por poner un ejemplo, son descendientes de españoles que derrotaron, sometieron, se emulsionaron con mayas y aztecas.

Los nacionalismos exacerbados parecen olvidar el mestizaje, la violencia, las injusticias y el artificio que origina cualquier nación.

No lo olvidemos.

Comunicarse

“Space Sweepers” es una película coreana de ciencia ficción, que muestra un futuro distópico de desigualdades sociales, de naves espaciales y de contaminación.

Más allá de la trama, que es una vuelta de tuerca a las mismas historias distópicas, lo que me ha llamado al atención es la mezcla de lenguas que se muestran en la película: koreano, inglés, danés, español, portugués… Los personajes hablan en su propio idioma porque todos tienen un aparato enganchado a la oreja que les hace traducción simultánea.

Es un invento que no parece demasiado irreal, viendo como evolucionan los esfuerzos en traducir los diferentes idiomas. Poner hoy en Google Translate una noticia en español para que te la traduzca al inglés, o viceversa, seguramente no te dará unos resultados espectaculares pero la esencia de la noticia estará ahí. Comparado con las posibilidades hace 20 años es mucho, porque hace 20 años no había nada, así que dentro de otros 20…

Lo interesante será ver como una tecnología como ésta puede afectar la evolución del lenguaje y a toda la sociedad. ¿Acelerará o ralentizará el ritmo de cambio de una lengua? ¿Favorecerá el entendimiento entre personas de diferentes sociedades?

No sé, veremos que sucede. En todo caso, desarrollar esta tecnología suena como una muy buena idea, todo lo que sea entendernos mejor no puede ser malo.