Y Dios que no aparece

El chiste del hombre que espera a ser rescatado por Dios más que un chiste es una parábola.

Igual que en el chiste, existen personas que tienen fe en algo mágico, en que los cielos se abran y la mano de Dios, la mano literal de Dios, les salve el día. Y, bueno, hayá cada uno con sus creencias, podría uno pensar. Pero cuando eres de los que va en un simple bote a remos para rescatarle, para darle respuestas, y te desprecian la ayuda, pues la verdad es que toca un poco los cojones.

Yo esto, que trabajo en el mundo del Data, lo sufro día a día. Las grandes expectativas acerca de algoritmos mágicos, de inteligencias artileches, de machine la madrequelopariolerning, lleva a que se desprecie un humilde pero efectivo bote a remos que ofrece respuestas, y se mire hacia arriba, con la esperanza de que una mano en forma de deep learning abra la “cloud” con un solución celestial.

Y así nos va.

Y David derrotó a Goliath

A finales de los noventa se me ocurrió decirle a un argentino que Maradona, ya retirado, estaba un poco “pasado” y me echó una buena bronca. Me sorprendió porque hasta entonces no me había dado cuenta de lo importante era este jugador de fútbol para toda una nación.

Argentina llora estos días la muerte de un mito. El mito se construye a partir de idealizaciones, de imágenes, de emociones, de momentos, de momentos compartidos. El tiempo y las circunstancias en las que Maradona vivió también influyeron, y el Diego ocupó un vacío que la sociedad argentina tenía, probablemente sin saberlo, y la necesidad de todos de tener un referente le encumbró al imaginario colectivo como uno de sus dioses. Es el David que derrotó a Goliath, y partir de ahí no importa lo imperfecta que era esa persona, se perdona, se mira hacia otro lado, lo negativo no tienen ningún efecto en la balanza.

Es interesante ser testigo de estas manifestaciones desde fuera, te lleva a preguntarte sobre otros mitos que existen en cualquier sociedad, sobre cómo se formaron, sobre la mezcla de realidad y de necesidad colectiva que los originaron.

Maradona, Che Guevara, El Cid, Bolívar, Ghandi, La Virgen María, Jesucristo…

Fantasmas

La presión de tener una fecha para entregar algo hace que las cosas sucedan. Como escribir estas líneas. Me impongo hacerlo antes de las 7:00 de la mañana, antes de subir a ducharme para ir al trabajo y cuando apenas quedan diez minutos para que se me acabe el tiempo empiezo a escribir lo que sea. ¿Resultado? Que algo queda escrito, sea bueno o malo. La alternativa es no escribir nada, que simplemente quede en la mente como idea difusa, como aspiración grandiosa, como coitus interruptus que queda en la más absoluta nada.

La presión de tener que hacer algo es la magia que hace que algo quede. Mejor algo imperfecto que un fantasma.

2 + x + y = 10

Las ecuaciones con dos o más incógnitas no pueden resolverse completamente, y esto es lo que pasa habitualmente en nuestro día a día.

Sabemos el resultado, las consecuencias de algo (10 en la fórmula del título), conocemos algunos de los factores que lo han producido (2), pero no sabemos como contribuyen las incógnitas. ¿Es x=1 y=7?, ¿o y=7 x=1? ¿O cualquiera de los otras infinitas posibilidades? Es más, la verdad es que no sabemos si sólo tenemos las incógnitas x e y, puede que existan muchas otras que no hemos tenido en cuenta.

La realidad es mucho más compleja que una simple fórmula lineal, está llena de incógnitas, pero somos testigos de ella y teorizamos implícitamente acerca de la fórmula que la explica. Es esta inherente irresolubilidad la que da pie a las diferentes opiniones y, en última instancia, la que explica los extremismos y las conspiraciones.

El traje del rey

Ver anuncios de hace unas décadas es un ejercicio sociológico que nos permite ver los prejuicios de la época. El rol de las mujeres, en los anuncios de detergentes, de coches o de juguetes, los estereotipos de razas, o la ausencia de ellas, los estándares de belleza…

Los algoritmos que se empiezan a utilizar, de forma masiva, sin que nos demos cuenta, también sufren de nuestros prejuicios. Los algoritmos son en principio neutrales, pero si los “entrenamos” con la realidad que nos rodea, una realidad desequilibrada e injusta, los resultados reflejarán la sociedad en la que vivimos. Esto es lo que demuestran estudios que analizan los inteligencia artificial que utiliza Google para clasificar imágenes, en los que los “tags” para mujeres hacen más referencia a su aspecto físico o profesiones “menos sofisticadas” que los “tags” que son asignados a los hombres.

En defensa de los programadores de Google, las imágenes que hay ahí fuera, las que utilizan para entrenar sus algoritmos, muestran la realidad de nuestra sociedad. Reconocer este problema es el primer paso para encontrar soluciones y llegar a algoritmos que no sean tan injustos como nosotros. 

Sin rumbo

Una nueva ley de educación en España, una nueva polémica.

No conozco los detalles de la polémica, pero más allá de los puntos de fricción lo que está claro es que no es, una vez más, una ley consensuada. Esta ley no lo es, ninguna de las que han habido en las últimas décadas lo ha sido, sin importar que partido la promulgó.

Si no somos capaces de consensuar la Educación significa que no tenemos una idea común de país, un problema que va más allá de qué se enseña dentro de una clase.

Principio de Incertidumbre

El físico alemán Heisenberg describió un problema fundamental de la mecánica cuántica, el Principio de Incertidumbre, según el cual cuanta mayor certeza se busca en determinar la posición de una partícula, menos se conoce su momento lineal y, por tanto, su masa y velocidad.

Este principio supone un cambio básico en la naturaleza de la física, ya que se pasa de un conocimiento absolutamente preciso (en teoría aunque no en la práctica), al conocimiento basado sólo en probabilidades.

Esta noción de incertidumbre puede ser trasladada a nuestro día a día. No conocemos la realidad con certeza, sino que la intuimos, las percepciones que nutren nuestro entendimiento y emociones no son mediciones precisas, son aproximaciones basadas en cálculos probabilísticos.

Asignamos nuestros amigos o familiares porcentajes como si de jugadores del FIFA se tratara: nivel del simpatía del 60%, humor del 85%, capacidad intelectual del 42%… Estos cálculos inconscientes forman parte de los cómputos mentales que se suceden en nuestros cerebros, ajustándose, recalculándose todos los días. Pero son sólo eso, intuiciones, no son certezas verificadas, sería imposible corroborar todos los aspectos de la realidad que nos rodea, sino suposiciones, conjeturas, estimaciones.

A este frágil equilibrio de multitud de presunciones es a lo que llamamos “realidad”. Sería un milagro que el resultado de este proceso sea algo coherente, todos sufrimos de cierto nivel de incongruencia en nuestro pensamiento. A lo único que podemos aspirar es a minimizar las distorsiones cognitivas, a lograr que nuestros absurdos no sean demasiado escandalosos.

¿Qué pasó con los calentadores?

Los de mi generación tenemos marcada a fuego en nuestro cerebro la imagen ochentera de Eva Nasarre haciendo gimnasia en televisión, con sus mallas y sus “calentadores”, esas piezas que cubrían las espinillas, que se supone que calentaban los gemelos.

Pero aquí estamos casi cuarenta años después y el concepto calentador cayó en el limbo, en algún oscuro lugar del universo acompañado, seguramente, de las “hombreras”, otro vestigio olvidado de los ochenta.

Aunque la verdad es que parece que vuelven del destierro. No son lo calentadores de lana de antaño, son de tejidos más sofisticados, de los que te venden en el Dechatlon, y ves a gente por ahí corriendo con cosas que se asemejan a calcetines subidos hasta las rodillas. Y empiezo a notar más hombreras que antes en el vestuario de las mujeres.

Quién sabe, puede que esta vez terminen por ser aceptados y el futuro se convierta en un lugar donde todos tendremos las pantorrillas bien calentitas y los hombros como hechos con escuadra y cartabón.

¿Qué han hecho los romanos por nosotros?

La broma de los Monty Python sobre que han hecho los romanos por nosotros (el acueducto, el alcantarillado, las carreteras, los baños públicos, el vino, la educación…) puede aplicarse al capitalismo.

El capitalismo, como los romanos, tienen un lado opresor, hasta malvado, pero también nos ha traído cosas que no han estado mal. Más como un efecto colateral que como un objetivo en sí mismo, pero cosas beneficiosas en todo caso. La esperanza de vida ha aumentado, la educación, se ha reducido la violencia en las sociedades, la gente disfruta de “vacaciones” , algo que antes no existía ni como concepto…

De la misma forma que las fuerzas de la “Evolución” parten de una raíz egoísta, el instinto de supervivencia, para desarrollar todo el árbol de la vida, el “Capitalismo” utiliza su motor egoísta, el beneficio propio, para desarrollar la economía y la calidad de vida de los individuos.

El capitalismo tiene que evolucionar para ser menos dañino, para minimizar los efectos perversos en los individuos, en la sociedad y en el medio ambiente, pero no seamos como los revolucionarios del sketch de los Monty Python, reconozcamos que algo ha hecho por nosotros.

Paciencia

Un vino necesita un período de fermentación, un jamón necesita ser curado, un tomate tiene que ser cultivado… Cualquier cosa que valga la pena necesita de tiempo para que se desarrolle.

Las ideas también necesitan ser fermentadas, curadas, necesitan ser regadas, que les dé el sol y, simplemente, esperar.

En el mundo de lo inmediato en el que vivimos, no está de más recordarse esta obviedad de vez en cuando.