Ermitaños virtuales

Gracias a la tecnología estamos cerca de poder vivir como ermitaños virtuales: vivir en medio de las montañas, en una cabaña, con la comida y los productos esenciales servidos a través de drones, con conexión a internet que te permite estar conectado, con generadores que mantienen el suministro eléctrico, con depuradores de agua, recicladores de basura…

La opción de vivir aislado se convierte así en menos dura, más accesible.

Espejismos egocentristas

Todos los caminos llevan a uno mismo. Somos el centro de nuestro mundo, todo parece encajar, para lo bueno y para lo malo, lo que produce un espejismo de designio, de inevitabilidad, de destino, de cartas marcadas.

Pero la ilusión de ser el centro del Universo tiene que ser desafiada por el giro copernicano de comprender que el centro está en otra parte y que nosotros somos actores secundarios, para lo bueno y para lo malo.

Nuestro ego nos puede acusar de herejía, nos puede amenazar con la excomunión o con la hoguera, pero aunque nos veamos forzados a negar la evidencia, en el fondo sabemos, que a pesar de todo, “e pour si muove”.

Pero esto no es una derrota, es una liberación, nos permite entender mejor el mundo y tomar las decisiones más acertadas. Y disfrutarlo más.

Hormigas que se plantean el sentido de la vida

Hay quien dice que de la misma forma que una hormiga no es capaz de comprender la escala humana del mundo que le rodea, nuestra inteligencia no nos permite entender escalas superiores a la nuestra. Este argumento, intelectualmente derrotista, se convierte en un cajón de sastre en el que caben diferentes tipos de creencias, desde los que afirman que los extraterrestres están ya entre nosotros a los que defienden la existencia de Dios o variopintos mundos espirituales, por lo que siempre me sentí incómodo con él.

Pero hoy he visto un documental en el que han explicado de una forma ciertamente esperanzadora los logros del intelecto humano. El presentador, coge la arena de una playa y afirma que existen más estrellas en el Universo que granos de arena en todas las playas del Planeta Tierra, un planeta insignificante, que orbita alrededor de una estrella cualquiera, en el rincón de una galaxia más entre una infinidad de otras muchas. Desde este punto de vista, no es nada desdeñable que nosotros, los seres humanos, hayamos sido capaces de entender nuestro insignificante rol en este Universo. Puede que apenas lo hayamos empezado a entender, pero lo hemos hecho, y nuestro conocimiento sigue creciendo a un ritmo exponencial.

Es como si las hormigas que serpentean por la acera de al lado de casa supieran que existe Australia y la Copa del Mundo de Fútbol.

Así que, a pesar de que ciertamente la mente humana puede tener ciertos límites, estos están todavía por encontrarse, y no me vale el argumento de que no somos capaces de entender ciertas cosas porque no estamos diseñados para entenderlas.

42

En “La guia del autoestopista galáctico” una civilización extraterrestre crea un superordenador y le preguntan cuál es el “sentido de la vida, el Universo y todo lo demás”. El ordenador, 7 millones y medio de años después, contesta: 42.

Una pregunta ambigua, lleva a un esfuerzo importante para dar una respuesta inútil. Esto no es sólo una broma en un libro de ciencia-ficción, forma parte del día a día que nos rodea. Porque todos queremos respuestas directas, concisas, iluminadoras, que nos guíen, que nos salven el día, que nos liberen de esta realidad compleja, pegajosa, incómoda, en la que estamos inmersos.

Trabajo en el mundo del “data”, y éste es el problema más importante al que me tengo que enfrentar todos y cada uno de los días. El problema de las expectativas de solucionarlo todo con un gráfico, la frustración de tener que responder a preguntas mal formuladas, el desafío de explicar que lo que te están pidiendo no tiene sentido, la obligación de tener que entregar algo aunque sepas que no va a ser aprovechado, las dificultades de centrar tus esfuerzos en lo que realmente tiene más valor, frente a dedicarlos a objetivos más vacíos e innecesarios…

Todos quieren un número que lo explique todo, un “42” que les lleve directos al Nirvana, un éxtasis de iluminación, un número que les revele el sentido de la vida, del universo y de todo lo demás. Pero, claro, no está en mis planes dedicarle siete millones y medio de años para cada una de estas peticiones, y tanta expectativa se me hace un poco pesada.  

Cambio de Modelo

Ser el primero en llegar, el primero que golpea, no te garantiza que salgas triunfante. Que se lo digan a Napster. Desarrollaron a finales de los 90 un sistema para compartir música que cambió el modelo de negocio de la industria musical, con el intercambio de canciones a través de Internet. La industria sacó músculo judicial y la aplastó, pero abrieron una puerta que fue imposible cerrar.

Hasta tal punto que hace un par de días me encontré un CD en la mesa de la cocina. Mi mujer lo había encontrado en una caja y me di cuenta de que ya no tengo un aparato en mi casa, o en mi coche, para escucharlo. No porque no escuchemos música en mi casa, todo lo contrario, lo hacemos y mucho. Es porque somos usuarios de uno de esos servicios de streaming en los que podemos escuchar lo que nos apetezca a cambio de una subscripción mensual.

En un trastero que tengo en España tengo varias cajas de CD´s que compré durante años, gastando al año una cifra no menor a lo que pago hoy por la subscripción, a cambio ahora de tener más música a mi disposición.

A mí este modelo de negocio me funciona, y la industria musical se ha adaptado a él. Puede que algunos ganen menos, pero el balance global creo que es positivo para todos.  

Amenaza por Comodidad

Sólo he visto las tiendas Amazon Go por YouTube, pero lo hacen parecer tan sencillo que da la sensación de que es una forma de entender las tiendas que se va a extender por todas partes.

Entrar en la tienda, coger lo que quieras, salir sin hacer cola para pagar. Tiene sentido, se trata de combinar tecnologías que ya están aquí de una forma que haga la experiencia para el consumer lo más cómoda y eficiente posible.

Tiene un efecto en el empleo, desaparecen las personas que te atienden en los cajeros, pero todavía son necesarias las personas que colocan los productos en las tiendas, que gestionan el proceso… Una vez más la tecnología cambia el modelo de negocio, destruye empleo, crea otros con un balance negativo para los humanos a nivel de número de puestos de trabajo.

Las “máquinas”, poco a poco, nos van comiendo terreno.

Orígenes absurdos, futuros imprevistos

A finales de los 80 Corea del Norte decidió construir el hotel más alto del mundo: un edificio piramidal de 300 metros de altura que superaría el logro de Corea del Sur, que había construido el hotel más alto en Singapur.

Con muchos problemas, lograron acabarlo a principios de los 90 y desde entonces permanece vacío. Un edificio enorme, imponente, que sobrevuela amenazante sobre las conciencias de los habitantes de Pyongyang.

¿Cuántos de los edificios que han logrado sobrevivir el paso del tiempo tienen un origen igual de absurdo? Con el tiempo, estas sandeces se llegan a olvidar y lo que puede quedar es un símbolo, un icono que forma parte de la personalidad del lugar.

Septiembre

Estamos a punto de llegar a Septiembre, un mes especial, por lo que implica de final de vacaciones, final de etapa, inicio de una nueva. Una especie de Enero, pero más soleado.

Sin embargo, este Septiembre es diferente. Covid-19 diferente. Las clases tienen que empezar, la rutina del día a día tiene que volver, pero el virus lo está confundiendo.

Va a ser un Septiembre difícil, un Septiembre determinante, que marcará cómo irá el resto del año, que nos confirmará que los frenos no funcionan, o, con suerte, seremos capaces de dar un volantazo y evitar el muro.

Apartheid en Atlanta

“Funtown” era un parque de atracciones que existía en cerca de Atlanta, en Estados Unidos. Una hija de Martin Luther King vio en televisión un anuncio sobre este parque y le pidió a su padre ir. Éste le tuvo que explicar que a ese parque no podían ir niños negros, que era sólo para niños blancos.

Todos hemos visto muchas películas sobre los problemas raciales en Estados Unidos, pero hasta hace poco no lo había relacionado directamente con el Apartheid de Sudáfrica. Esta historia del reverendo Luther King es de alrededor de 1960, y por aquel entonces en el sur de Estados Unidos existía un sistema muy similar al que existió en Sudáfrica por unos veinte o treinta años más.