Genealogía Global

¿Y si las técnicas de análisis de ADN evolucionaran hasta el punto de que fuera posible detectar la genealogía de todas y cada una de las personas del planeta Tierra?

Seríamos capaces de saber con exactitud cuáles son los antepasados más cercanos que tenemos con nuestros amigos o nuestras parejas. Por ejemplo, podría saber que mi mujer y yo compartimos un tatara-x-abuelo a mediados del siglo XVIII, y que con mi amigo Fulano de Tal nos tenemos que remontar al siglo XV. Nos daríamos cuenta que la mayoría de las personas de nuestro entorno están a menos de trescientos años en nuestro árbol genealógico, y que incluso con los más distantes, estarían apenas a 600 años de distancia.

¿Nos acercaría esto un poco más a todos? Espero que sí.

Incompetencia

Todos somos incompetentes en alguna cosa. Es normal. No podemos ser buenos en todo.

El problema viene cuando no lo sabes, o no lo admites, y tienes que ocuparte de esa area de incompetencia.

Puede ser simplemente que te encargas de la paella y amargas la comida a los amigos. Pero bueno, le mete alioli, cerveza fresquita y te crucifican a bromas. La cosa no pasa a mayores, y no te dejan hacer una paella por jamás de los jamases.

Pero también puede darse el caso de que el incompetente, ignorante de su incompetencia, ocupa un puesto importante en una organización. Suele pasar en el ámbito político, puede pasar en el mundo de la empresa. En este caso el daño que pueden causar los incompetentes es mucho más grave, ya que afecta a al eficiencia de la organización, a los servicios públicos, a la supervivencia de la empresa. Y estos incompetentes, cuando están dotados del don de la palabrería pueden ocultar su condición de patanes, en cuyo caso los efectos se acumulan, se multiplican, se eternizan. Sus habilidades para tergiversar la realidad es tal que incluso acaban siendo promocionados. Y los sufrimos todos.

Moscas y tetas

Unos científicos han descubierto la forma de detectar si una mosca está consciente o no (las que no lo estaban habían sido anestesiadas).
Más allá de preguntarse cómo puñetas se anestesia una mosca, el sentido del experimento es ser capaz de detectar lo mismo en humanos, de tal forma que podamos averiguar si, por ejemplo, pacientes en coma están realmente conscientes.
Si vamos a ser capaces de hacer esto, no parece descabellado que en el futuro se puedan detectar otras cosas: si una persona está aburrida, pensando en babia o cachonda. Puedes estar hablando con alguien y tu sistema de realidad aumentada detectará si la persona que está frente a ti está diciéndote la verdad, está pensando en acostarse contigo o si está mínimamente interesado en lo que le estás contando.
Vamos a acabar siendo más transparentes que un vaso de agua.

Anticiparte para confundirte

Una empresa española ha desarrollado un algoritmo que te avisa 25 minutos antes de que vas a tener una migraña.

Están desarrollándola en una aplicación, la idea es recibir la alerta, tomarte una pastilla antes de que notes los efectos y, voilá, la migraña desaparece.

Lo que lleva a la paradoja de que, al no llegar a tener la migraña, puedes tener la duda de si realmente la pildorita ha hecho realmente algo.

Niveles de complejidad

Las expectativas sobre la “Inteligencia Artificial” llevan implícito unas buenas dosis de Pensamiento Mágico.

Nos invita a pensar que esos nuevos sistemas que están por llegar van a ser capaces de analizar una cantidad ingente de datos, entenderlos y tomar decisiones complejas por nosotros. El problema es que este planteamiento obvia ciertas dificultades:

  • La supuesta cantidad ingente de datos es una maraña sucia, no conectada e incompleta de información.
  • Para entenderlos hay que desarrollar primero paradigmas, modelos, teorías mucho más desarrolladas de las que hoy existen.
  • Para tomar decisiones por nosotros, primero tenemos que saber que puñetas queremos.

Sí que hay cosas que están al alcance de la Inteligencia Artificial, porque son problemas relativamente sencillos. Un coche autónomo necesita una cantidad limitada de datos para funcionar, está claro lo que tiene que hacer y hacia dónde va. Estos son problemas con un nivel de complejidad bajo.

Pero hay un salto cualitativo muy importante cuando los problemas son más complejos, como los relacionados con la economía, la sociedad o las relaciones personales. En estos casos no toda la información está disponible, como por ejemplo los pensamientos subconscientes de las personas, o los paradigmas tienen implicaciones políticas, como podría ser el caso de cómo es la forma más eficiente de organizar la economía.

Así que, a pesar de lo llamativo que pueda ser que veamos a coches ir por ahí por sí solos, hay otras cosas que tardaremos más en ver.

20 años no son nada

Antes del siglo XX los músicos vivían de sus actuaciones en directo. No había otra forma de vender sus servicios.

El disco de vinilo se empezó a comercializar en 1930. Esto supuso una revolución en la música, porque por primera vez se podía “empaquetar” y venderla. Esto creó una industria que aun hoy pervive, aunque ha tenido que pasar por diferentes fases debido los sucesivos cambios de formatos: principalmente casetes, CD´s y ahora, la música digital, que no requiere un formato físico para ser vendida.

Los ingresos de la industria de la música llegaron al pico en los 90, justo antes de la llegada de los formatos digitales. Los ingresos hoy de esta industria es un poco más de un tercio de lo que fueron hace apenas 25 años.

Crisis y reinvención debido a los avances tecnológicos, esto es por lo que han tenido que pasara músicos y discográficas. Ahora los ingresos viene de YouTube, de Spotify, de Amazon Music, de Apple Music… Y muchas más actuaciones en directo, como antes.

Unos avances que yo, como consumidor, disfruto, porque ahora tengo a mucha más música que antes, por un gasto parecido (pago un cuota mensual por los servicios de una de las empresas que proporcionan música en streaming).

Esta historia se va a repetir muchas veces en el futuro cercano, con otros tipos de industrias y trabajos. Por ejemplo, todo lo relacionado con el transporte, desde camioneros a taxistas, va a ser reemplazado por sistemas de conducción autónomos. Y no sucederá de la noche a la mañana, sucederá poco a poco, casi sin darnos cuenta, hasta que veinte años después, que pasan muy rápido, ¡pum!, estamos sencillamente en otra realidad.

El fin del dinero en metálico

El fin del dinero en metálico está más cerca. El Covid-19 lo va a acelerar, la gente no va a querer utilizar los billetes y las monedas que han pasado por no se sabe cuantas manos.

Yo no lo voy a echar de menos, lo utilizo ya muy poco. Los cafés, la zona azul, las compras pequeñas y por supuesto las grandes. Todo lo hago utilizando la tarjeta, sólo utilizo el metálico cuando no tengo más remedio.

Descanse en paz.