Dios Globetrotter

Poner a Morgan Freeman de narrador en un documental le da un empaque que te cagas. Esa voz, esa presencia… ponte a decir cualquier tontería y queda de puta madre.
La idea del documental está muy bien: ir por el mundo a buscar las diferentes representaciones que los seres humanos tienen de Dios. Desde un católico en Massachussets, a un hindú en en Bengala, o un animista en una tribu de África.
La importancia del punto de vista de partida es aquí patente. Para mí, ateo redomado, el documental es un ejemplo extraordinario de como “Dios” es un constructo humano, es una invención originada por una necesidad común, compartida por seres humanos de toda condición. Pero, claro, llega el momento final de la entrevista al feligrés de turno y en lugar de concluir “fíjate, otro iluso que se traga este espejismo”, va y Morgan Freeman suelta algo así como “esta persona siente a Dios dentro de ella, y si lo siente será que Dios existe, claro”. Es ahí cuando se me ponen los pelos verdes de indignación.
Pero va y sigo viendo el documental, porque en todo caso el tema me interesa y todavía quiero conocer como las diferentes sociedades sienten este espejismo.
Aunque hay veces en las que me indigno todavía más. En el último capítulo que vi, un superviviente del 11-S, que estaba con su mujer en las Torres Gemelas, va y suelta que el que él y su mujer sobrevivieran fue gracias a la intervención divina… Manda huevos por los otros dos mil y pico que murieron… Es este tipo de interpretaciones de lo que a uno le pasa en la vida lo que me pone los pelos como escarpias…

"Quitarse" del fútbol

Soy futbolero, madridista para más señas, y sigo todas las semanas la Liga y la Champions. Bueno, la seguía, hasta que el virus éste nos quitó este entretenimiento.
Ya, con todo lo que está pasando, las muertes y la crisis económica, hablar de este del fútbol no suena bien, da reparo. Pero a lo que venía es a decir que, sorprendentemente, no lo echo tanto de menos como esperaba.
A ver, que si empieza mañana la Liga otra vez, allá que me verás conectando con el partido del Madrid, pero no tengo, lo que se dice, “mono”.
Así que no era para tanto, esto de la adicción al fútbol.
Pero a ver si encuentran la forma de jugar unos partidillos…

Diferencias

Las crisis suelen exacerbar las diferencias, ésta del virus no es una excepción.
Los que tienen trabajos peores pagados la sufren más, porque no pueden trabajar desde casa. Los que tienen mejores sueldos suelen poder teletrabajar.
Los que viven en pisos pequeños tienen más riesgos de infectarse e infectar que los que viven en chalets con grandes jardines y gimnasio.
Los que tenían cierto ahorros podrán salir mejor de la crisis que los que estaban en niveles de subsistencia.
Desde este punto de vista, a la salida de esta crisis no nos espera una sociedad más igualitaria.


Negacionismo virológico

Interesante artículo en El Confidencial sobre los “terraplanistas” del Covid-19.
Si hay gente que niega que la Tierra sea una esfera que flota por el espacio, cómo no van a haber personas que crean que esto de la pandemia es una patraña, que la gente “se muere porque “han acudido a urgencias con un catarro y que han sufrido ataques de pánico y ansiedad en el hospital. Les falta la respiración, se los llevan a las UCI y allí se bloquean completamente”.
Gente de este pelaje creen cosas como que “el cáncer es producto de un conflicto emocional interior no resuelto”.
Por lo menos los terraplanistas, en principio, no matan con sus tonterías.

Religiones Ocultas

Hay gente que cree en dioses explícitos, como los cristianos, los musulmanes, los judíos… Hay otra gente que cree en dioses implícitos, como los que creen en la “mano invisible” del capitalismo, o los que creen en la inevitabilidad del comunismo en la evolución de la sociedad, o los que creen en los inalienables derechos del ser humano, o los que creen en la superioridad de la raza blanca.
En todos estos casos, la gente está creyendo en una especie de orden “supra-humano” que gobierna el mundo. Y tienen sus libros sagrados, sus mártires y hasta sus fiestas de guardar.
Esto es lo que defiende Yuval Noah Harari en su libro “Sapiens”, y, vaya, que tiene todo el sentido del mundo.
Todos necesitamos tener cierto grado de “fe”, necesitamos tener un esquema sobre el que basar nuestro entendimiento del mundo que nos rodea. Pero, entonces, ¿da igual que sistema de creencias elijamos?
Bueno, igual, igual, no da. Todos tienen sus problemas, ninguno es perfecto, pero en mi opinión tenemos que elegir el que menos inconsistencias internas tenga y el que mejores predicciones genere acerca de la realidad que nos rodea.


Problemas

Las máquinas hacen muchas cosas mejor que nosotros, desde volar a jugar al ajedrez. Pronto van a ser capaces de ser más creativos que nosotros.
¿Cuál va a ser nuestro lugar en ese futuro en el que somos simplemente peores que las máquinas_
En este artículo que acabo de leer, dice que nos tenemos que centrar en la definición de los problemas que tienen que ser resueltos, ya los resolverá el algoritmo de turno, y en la comunicación del valor de las soluciones propuestas al resto de seres humanos, los que respiran y eso.
Bueno, hasta que las maquinillas también avancen en la definición de los problemas. Cuando llegue también eso… estaremos jodidos.

Los virus buenos

Cría fama y échate a dormir. Es lo que tiene lo de ser virus, que por unos cuantos que provocan alboroto, pongamos que hablamos del Covid-19, resulta que todo el resto del mundo viral se gana también la mala fama.

Pero resulta que hay virus buenos, y los tenemos todos los días con nosotros, en nuestras mismas entrañas, por ejemplo. Los tenemos ahí, en la mucosa intestinal, unos virus bacteriófagos que se comen a las bacterias malas. Y también nos infectamos desde la niñez con virus blandengues que sirven para entrenar a nuestro sistema inmunológico, de tal forma que nos prepara para detectar y atacar a las células cancerígenas.


Así que no generalicemos con los virus, pobrecitos, que no todos son malos.

Si no es por una cosa es por otra

Las críticas a los gobiernos empezaron por no haber tomado medidas mucho antes: que si cerrar los aeropuertos, que si comenzar el confinamiento… Ahora las críticas empiezan a ser porque el confinamiento dura demasiado, que hay que acabarlo ya.
Mal momento para gobernar, especialmente para la generación de políticos que tenemos: mediocres, sin experiencia en la vida real, con ideas superficiales, sin visión estratégica, charlatanes… ¿Me dejo algo? Ah sí: huecos, egocéntricos, vanidosos, histriónicos, impulsivos, mentirosos…

Crisis re-loaded

Las crisis se están cebando en todos nosotros. La financiera del 2008, de la que todavía sentimos sus efectos, la crisis ecológica sobrevolando como un buitre carroñero, ahora nos está pegando bien fuerte la del Covid’19…
Yo disfruté de un periodo de relativa calma, entre mediados de los 90 y finales de la primera década del siglo XXI, justo el periodo en el que me incorporaba al mercado de trabajo y mi percepción ha sido la de que la estabilidad es la norma. Pero no. Simplemente he sido un tipo, junto a todos los de mi generación, con suerte.
Lo más normal son las situaciones de crisis. Entre mediados de los 70 y principio de los 80 el sistema político en España se re-ajustó, con final feliz, al mismo tiempo que una crisis económica galopante re-dibujó la industria y el mercado de trabajo. Entre los 40 y los 60 hubo “estabilidad política”, pero estabilidad del estilo “por mis cojones”, gracias a los servicios de la dictadura franquista, al tiempo que la sociedad y la economía experimentó un cambio radical, del campo a la industria y la ciudad, una transformación que no somos capaces de aprehender en lo relativo a las tensiones que provocó.
Años antes, una terrible guerra fue el colofón de una república que no superó las tensiones sociales, económicas y políticas derivadas de la desigualdad y la pobreza.
Y así, paulatinamente, podríamos seguir hasta el momento en el que la falta de mamuts empujaba a la tribu a iniciar la búsqueda de mejores tierras para sobrevivir.
Las crisis son la norma.

Flotar por culpa de Netflix

Isaac Newton desarrolló varias de sus teorías y descubrimientos durante el confinamiento por peste bubónica en 1665. Dicen que Shakespeare escribió algunas de sus obras durante otra cuarentena por peste en 1606.
Seguramente no sufrían las distracciones de niños montando alboroto alrededor, y por supuesto no tenían las tentaciones de perder el tiempo navegando por las redes sociales o ver series en Netflix.
¿Existiría hoy una Teoría de la Gravedad si Isaac Newton hubiera tenido una suscripción a Netflix?
Quién sabe, a lo mejor estaríamos ahora flotando por nuestra habitación si el bueno de Isaac se hubiera enganchado durante su confinamiento a Breaking Bad o a Black Mirror.