Y dale con las conspiraciones

Mira que la gente tiene ganas de echarle la culpa a los chinos, a los rusos, a los americanos o a los reptiles extraterrestres si se tercia. Lo encuentro en las redes sociales, pero también me viene a través de familiares y amigos.
Eso de que la realidad sea compleja, con multitud de fuerzas que interactúan cada una a su bola, sin propósito ni concierto, no mola. Focalizar la culpa ayuda a desahogarse, te da más apariencia de control porque si la razón última de nuestras desgracias se esconde detrás de un único culpable en principio basta con acabar con ese pedazo de cabrón.
Aunque pueda entender este tipo de reacción como un mecanismo psicológico “perdonable”, debemos de ser lo suficientemente maduros como para superar esta tendencia cuasi-infantil que no ayuda a descifrar la realidad y afrontarla con las medidas más adecuadas.

El alma del minino de Schrödinger

No está claro porqué Schrödinger eligió a un gato para su famoso y sádico experimento mental. Pudo elegir un perro, un conejo, un oso o, por qué no, incluso una persona. 
Aunque hay que recordar que el católico Schrödinger propuso este experimento como una forma de mostrar lo absurdo de algunas de las interpretaciones de la física cuántica, esa dualidad estoy vivo/estoy muerto hubiera sido un tanto incómoda si hubiera elegido a una persona en lugar de a un animal. A las dudas cuánticas habría que haberle añadido las teológicas. ¿Cómo puede un ser humano estar vivo y muerto ala vez? ¿Qué pasa con su alma? Menudo lío…
Con un animal no hay problema, ya que para la Iglesia Católica “el alma de los animales no es como la de los seres humanos, porque no tiene una tendencia la vida espiritual, de reconocimiento personal De Dios”. Es algo así como un alma de segunda categoría, con menos prestaciones, ideal para ser manipulada en sesudos experimentos mentales.

Macro vs Micro

Cuando estudiaba en la Universidad teníamos dos asignaturas diferentes: Microeconomía y Macroeconomía. La primera está centrada en las “matemáticas y la lógica” de la empresa, la segunda en la de la economía de un país. 
La que más me gustaba era la segunda, supongo que por mi inclinación hacia los aspectos más sociológicos de la realidad. Me intriga el comportamiento de la sociedad en su conjunto, y la economía es un aspecto fundamental de ésta.
Cuando se observa a la sociedad en su conjunto percibes movimientos que no pueden derivarse directamente de los comportamientos individuales, y ayuda a entender mejor las causas y los efectos de lo que sucede o lo que ha sucedido o lo que sucederá. Pero esta visión es más impersonal, dejas de ver a los individuos como personas, se convierten en seres anónimos, hormiguitas sin nombre, sin rostro.
La Macroeconomía te habla de inflación, de nivel de paro, de producto interior bruto, de subidas o bajadas de interés. Pero cuando ves los gráficos de como interactúan y la demanda no visualizas colas del paro, al intimidarte director del banco poniendo presión al empresario que no ha pagado un par de cuotas del préstamo, a los almacenes repletos de stock esperando a unos precios más adecuados para vender la mercancía, a la familia que no llega a final de mes, acuciada por unos salarios que no crecen al mismo ritmo que la inflación.
Que conste que no hablo para nada mal de materias como la Macroeconomía, ya que son absolutamente necesarias. Solo hago constar la dificultad de mantener los dos puntos de vista a la vez, y al mismo tiempo la necesidad de ver la realidad con una óptica “Macro” para entenderla mejor.
Con una óptica “Macro”, la terrible realidad de la crisis del Covid-19, con sus muertes y su impacto económico en millones de familia, se convierte en un proceso histórico que transformará la sociedad de una forma que todavía no somos capaces de entender, un tratamiento de shock que tendrá repercusiones al principio negativas, pero de la que seguramente saldrán también cosas positivas, por su impacto en el medio ambiente, en la renovación de empresas, de formas de trabajar, de formas de entender la vida.

Besarse y abrazarse, deporte de riesgo

Las culturas son diferentes. En los países latinos nos besamos y nos abrazamos más que en las culturas anglosajonas o en las orientales.
Esta idea puede ser fruto de los estereotipos, pero si fuera verdad la consecuencia sería que los latinos seguramente somos más propensos a infectarnos de virus del tipo del Covid-19. 
Si esta hipótesis fuera cierta implicaría que la gripe común tiene más incidencia en los países latinos. ¿Es esto cierto? He buscado, de forma superficial eso sí, y no he encontrado todavía ninguna estadística que corrobore o refute esta hipótesis.
Seguiremos buscando.

El Karma del Planeta nos ataca

Ya he empezado a leer artículos que giran sobre la idea de una planeta, un “Gaia”, vengativo, que ataca a los seres humanos como consecuencia de lo mal que nos estamos portando, en este caso a través del Covid-19.
Es enternecedora la necesidad que algunas personas tienen de encontrar entes sobrenaturales que de forma más o menos consciente actúan en determinada dirección para ajustarnos las cuentas. 
Esta necesidad está relacionada con la búsqueda de significado y sentido a la compleja realidad que nos rodea, la necesidad de ajustar esta realidad a nuestra propia existencia. 
Entiendo esta necesidad, porque ayuda a sentirnos un poco menos solos y frustrados, pero reconozco que cuando escucho a alguien decir cosas como “todo sucede por una razón”, me pongo de los nervios.
Porque creo que es mejor reconocer que el mundo no gira en torno a nosotros, que muchas veces lo que te acaba influyendo obedece a fuerzas ajenas a ti, que no saben ni quien eres ni les importa un pimiento, ni tienen una “conciencia” ni un plan maquiavélico para ajustar cuentas con el Universo.
Y no creo que este pensamiento se más deprimente, sino todo lo contrario, es más liberador. Lo contrario tiene un punto de infantil, de dependencia en entes superiores que saben más que nosotros, de sumisión a esos supuestos poderes ocultos. Reconocer que somos pequeñitos e indefensos es más realista, pero al mismo tiempo te hace más consciente de tu capacidad de actuación y te hace valorar más la suerte que tienes de vivir y respirar y disfrutar de este mundo.
Así que no, el Covid-19 no es una respuesta vengativa de la Naturaleza a la sobre explotación que los seres humanos estamos ejerciendo sobre los recursos del planeta o una respuesta al cambio climático. El Covid-19 es la consecuencia de una mutación de un virus que afecta a los humanos más de lo normal, originado probablemente por las prácticas alimentarias en determinadas sociedades, amplificado por la superpoblación y por el desarrollo actual de las comunicaciones. Y tenía que pasar por pura estadística, el problema no era si iba a pasar, sino cuando. Nuestra falta de previsión ha hecho lo demás.

Colapso por estornudo

Ayer no pude evitar la tentación de retomar el libro de Jared Diamond, “Colapso”, que cuenta como diferentes civilizaciones, tras un tiempo de esplendor, se hundieron y prácticamente desparecieron. Mayas, Isla de Pascua, los noruegos que colonizaron Groenlandia… Las razones para estos colapsos, concluye Jared Diamond, están relacionadas con el abuso de los recursos naturales de la región en la que viven, vinculada a la sobrepoblación derivada de su propio éxito como sociedades.
Tengo que revisar el libro, pero creo que en la lista de razones no incluye la expansión de enfermedades como factor que contribuye al colapso de una civilización, punto que otros etnógrafos y arqueólogos destacan.
A la vista de los acontecimientos actuales, definitivamente los virus y bacterias deberían estar en la lista de razones para un colapso.

Crisis histórica y mira en manos de quien estamos…

No es casualidad que algunos países tengan en estos momentos líderes del pelaje de Donald Trump, Boris Johnson y Pedro Sánchez. El mundo actual de Facebook, Tweeters y Tik Toks favorece que la política se convierta en un reality más, en un espectáculo que pide audiencia, likes y memes.
No es que los líderes de antes fueran mejores exactamente. Los anteriores eran la consecuencia de otras circunstancias, que giraban alrededor de las élites, las castas y la burocracia. Los de ahora son diferentes, con unos skills más adecuados para el mundo de las redes sociales en el que vivimos.
Y, fíjate tu, les ha tocado liderarnos en una época que tendrá su capítulo destacado en la Historia.
Manda huevos.

El Teólogo Occam

La navaja de Occam es una herramienta conceptual que usamos mucho los escépticos. Viene a ser algo así como “si hay una explicación que requiere menos variables para explicar un mismo fenómeno, esta explicación es la más probable”.
Nunca me pregunté quien era este “Occam”, mi sorpresa ha sido descubrir, leyendo sobre algo diferente, que el bueno de “William de Occam” era un teólogo del siglo XIV.
Así que, fíjate, una herramienta utilizada por científicos y escépticos, conceptualizada por un teólogo…

Individuo frente a la masa

La reacción de muchas personas ante las imágenes de los estantes vacíos de los supermercados es de indignación, y acusan a todos los individuos que han osado acabar con esos productos de egoístas e insolidarios.
Pero no nos damos cuenta de que todos y cada uno de nosotros hemos contribuido a acabar con esas existencias, sin asignarnos ese “egoísmo” o “insolidaridad” a nosotros mismos. No, los cabrones son los otros…
La razón de no considerarnos “egoístas” o “insolidarios” es que no lo somos, pero tampoco la gran mayoría de la “masa”. La inmensa mayoría de las personas se han comportado de forma cívica y han comprado lo que es necesario para sus hogares, sin abusar. Muchos podrán echarme en cara videos de comportamientos aberrantes pero son excepciones. 
Algunos productos se están acabando pero principalmente porque todos vamos al mismo tiempo a comprarlos. No por egoísmo, no por insolidaridad. Es por pura estadística. Es por nuestra incapacidad de distinguir entre el comportamiento de un individuo y el comportamiento de la “masa”. Son cosas diferentes. 
Cuando estudiaba economía me explicaron la falacia de pensar que lo que es bueno para uno tiene que ser bueno para todos. El ejemplo era ahorrar. Que una persona consiga ahorrar dinero para él y su familia es bueno, ya que les prepara para futuros imprevistos o prepararse para el invertir en activos especialmente caros, como una casa. Y en principio puede ahorrar todo lo que quiera, es cosa suya cuanto tiempo quiere diferir el disfrute de su dinero. Pero si todo el mundo ahorra en exceso es malo para la economía, ya que si la gente no gasta las empresas no tienen ingresos, no contratan más personas, no producen más. Un comportamiento razonable y en principio beneficioso para un individuo no tiene porque ser bueno para el conjunto, para la masa. 
Algo parecido sucede con la situación actual. El simple hecho de comprar una caja de huevos para un solo individuo es razonable, pero hacerlo todos a la vez deja sin existencias a los supermercados. La forma de solucionarlo es crear nuevas normas para gestionar este incremento de tráfico, algo así como que los que nacieron en meses impares pueden ir los lunes al supermercado, los que nacieron en meses pares pueden ir los martes. Pero estas normas, aunque pueden surgir de forma espontánea en algunos casos, tienen que ser diseñadas por los gobiernos, que para eso están.
Pero no acusemos a toda la gente de insolidaridad, porque no es cierto. La mayor parte de la gente se está comportando de una forma muy cívica (al menos por ahora).

Criogenización de la Economía

Paremos todos los pagos que sea posible: hipotecas, suministros, impuestos… Es la única forma de sobrevivir a una crisis como la actual, donde empresas, personas y Estados dejan de tener ingresos. Tenemos que reducir al mínimo las constantes vitales de la Economía, porque sino los efectos sociales de este virus van a ser mas duros y duraderos que sus efectos físicos.