Escenas Memorables: Indemnización en Diferido

“La indemnización que se pactó, fue una indemnización en diferido, y como fue una indemnización en defini… en diferido, en forma efectivamente, de simulación de… simulación o de lo que hubiera sido en diferido en partes de una… de lo que antes era una retribución tenía que tener la retención a la seguridad social, es que sino hubiera sido… Ahora se habla mucho de pagos que no tienen retenciones a la seguridad social ¿verdad? pues aquí sez se quiso se quiso hacer como hay que hacerlo, con la retención a la seguridad social.”

El Gran Wyoming y Tomatito hicieron honor a la intervención de la poetisa Maria Dolores de Cospedal transformando su obra más surrealista en un fandango:

Qué error

Estoy aquí escribiendo estas líneas por una sucesión de cagadas que se inició hace miles de millones de años.

Todo empezó en el Precámbrico. Resulta que un antepasado mío, una procariota, tuvo descendencia con errores genéticos. Pobres vástagos, debió pensar mi ascendiente, pero estaba equivocado. Resulta que hubo un cambio de temperatura brutal y los hijos “defectuosos” sobrevivieron, los “predilectos” fueron los que la palmaron.

Las chapuzas genéticas se sucedieron durante millones de años, la mayor parte de ellas eran realmente cagadas que no favorecían en nada a los que las sufrían, pero muy de vez en cuando, por pura chamba, el error combinado con un cambio del entorno resultaba beneficioso. Así sucesivamente, durante ingentes cantidades de tiempo, hasta que mis padres, ya seres humanos, de Albacete para más señas, me concibieron.

Otro tipo de errores, fuera del mundo genético, también pudieron influir en este afortunado suceso. Por ejemplo, dada la diferencia de edad con mis hermanos mayores no descarto que yo fuera fruto de un mal cálculo con el método de Ogino. O una rotura de condón. O una pastilla olvidada en el cajón.

Así que, ¡Bienaventuradas las Cagadas! Porque de los errores pueden aparecer beneficios inesperados.

La Omnisciencia y la madre que la parió

Éste era el poder que Dios tenía que más me incomodaba cuando era pequeño, seguramente la razón primigenia por la que me rebelé contra la religión. ¿Qué era eso de que lo veía todo, que lo sabía todo? No sólo podía detectar los pecados de “acción” sino también los de pensamiento. Qué cabrón… Usar los poderes sobrenaturales para cotillear al personal. La ruptura definitiva vino cuando llegué a la pubertad y me empecé a “conocer” un poco más, ya saben. Eso de que un ser omnipotente no me dejara disfrutar ni de mis momentos más íntimos…
Ya de mayor, convertido en un ateo de pelo en pecho, leo las noticias sobre el espionaje masivo perpetrado por la NSA. Qué cabrones… Los americanos juegan a ser dioses, la tecnología está convirtiendo esa mentira inventada por líderes religiosos del pasado para controlar al personal en algo que está cerca de convertirse en real. George Orwell falló en el año, pero poco más.

  
La versión de 2013 viene a ser algo así:
 

Seguramente yo soy uno más de los millones de involuntarios participantes en ese “Gran Hermano” global, mis descargas de bitorrent me habrán puesto ahí.


¿Me preocupa realmente? La verdad, no demasiado. Me imagino a un analista de la NSA viendo mi perfil en su ingente base de datos bostezando de aburrimiento: lo peor que he hecho es descargarme capítulos de Breaking Bad, de The Good Wife y ver los partidos del Madrid por rojadirecta. Lo demás, grandes cantidades de emails de publicidad recibidos, alguna que otra chorrada por WhatsApp, las lecturas matinales de los periódicos en Internet, el consciente despilfarro de unos eurillos en la improbable pero deseada esperanza de que me toque el Euromillón.

 
La realidad es que los cachivaches que han caído en nuestras manos desde hace un par de décadas generan información que está siendo acumulada por las empresas y los gobiernos. Yo mismo trabajo en un proyecto de CRM en el que estamos modernizando los sistemas, pero puedo decir que por ahora todo es bastante rudimentario. Sí, acumulamos información, pero no tanta como uno podría pensar, la calidad de los datos es cuestionable y la visibilidad que se tiene de ellos es bastante mala. Existen leyes que dicen lo que puedes hacer con los datos y lo que no deberías hacer, pero éstas, como siempre, van detrás de una realidad tecnológica que avanza deprisa, muy deprisa.

¿Podemos realmente parar todo este maremágnum de datos? Es inevitable que la información fluya, la tecnología lo hará cada vez más fácil, llegará el momento en el que realmente hablemos de Omnisciencia Tecnológica. A lo mejor, si somos conscientes de que estamos siendo “vigilados”, lo que deberíamos hacer es pedir que exista algún tipo de “sistema consolidado” donde reside toda la información generada a partir de cualquier medio, con el fin de controlar mejor quien tiene acceso a esos datos, con qué fines, cuando tienen acceso… Esto permitiría un mejor control, el escenario opuesto sería la existencia de múltiples islas de información, mucho más difíciles de controlar.
 
Pero, claro, esto sería reconocer que no podemos quitarnos de encima ese ojo cotilla que nos atosiga hasta en nuestros momentos más íntimos.
In a series of bombshell leaks, the extent of the US government's alleged spying on Americ...

Qué lío de irreflexión. Mejor lo dejo aquí, que me deprimo.

Predecir la Historia

En el libro de Isaac Asimov “Fundación e Imperio”, Hari Seldon es un científico que ha desarrollado un método que predice la Historia. “No hay método matemático que pueda predecir el comportamiento de un ser humano, pero predecir el comportamiento de mil millones de personas es otra cosa”. Con su método es capaz de anticipar la caída de todo un imperio intergaláctico con miles de años de antelación.

Esta idea está basada en la aparente contradicción de La ley de los Grandes Números: no es posible adivinar el resultado del lanzamiento de un solo dado, pero si lo lanzas 10.000 veces podemos calcular una muy buena aproximación a los resultados finales.

¿Cuánto tardarán las “Ciencias” Sociales en predecir la Historia? Todavía no ha aparecido un Hari Seldon que haya desarrollado el método, pero muy posiblemente una “Ley Social de los Grandes Números” acabará por ser descubierta.

Acostumbrarse

El “Juego de la Soga“, en el que dos equipos tiran de una cuerda con el fin de que el contrario cruce una línea central, fue olímpico durante 20 años, de 1900 a 1920.

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La Marcha Atlética apareció por primera vez en los juegos de Londres de 1908.

 
A pesar de lo ridículas que puedan parecer algunas cosas, si nos acostumbramos a ellas, nos llegan a parecer normales. Y esto vale tanto para los deportes olímpicos como para la política: monarquía, corrupción, mentiras electorales, indemnizaciones diferidas…

Leer la Biblia, el mejor método para convertirte en ateo

Penn Jillette, un mago norteamericano, cuenta en este video como en su juventud, participando en un grupo de la iglesia, leyó la Biblia, empezó a preguntar por las contradicciones de ésta, y le acabaron echando del grupo porque estaba convirtiendo al resto de los jóvenes en ateos.

Derechos No Universales

Unos 620 km separan Arlit, en Niger, de Tamanrasset, en Argelia, una distancia parecida a la que hay entre Madrid y Barcelona.
Es una ruta habitual para las mafias de inmigración clandestina. En septiembre salió un convoy, pero sufrieron una averia en mitad del desierto, como consecuencia murieron 87 personas, 48 niños, 32 mujeres y 7 hombres, probablemente de sed.
 
 
Hace pocas semanas murieron cientos de personas en una barcaza que naufragó cerca de Lampedusa, una pequeña isla italiana cercana a las costas africanas.
 
 
Yo soy un inmigrante español que vive y trabaja en el Reino Unido desde hace unos años. Vine en busca de trabajo, lo conseguí, estoy integrado en este país. No tuve ningún tipo de problema ni para venir, ni para integrarme, porque tengo la suerte de haber nacido en España.
Algo no funciona si no todo el mundo tiene derecho a trabajar, a labrarse un futuro mejor, si simplemente por acercarse a lugares donde tienes la esperanza de mejorar te estás jugando la vida.


Interpretaciones

Pues resulta que David Mitchel, el autor del libro “Cloud Atlas”, cuya versión cinematográfica tanto me gustó, dice que “los personajes principales son reencarnaciones de la misma alma… identificadas por una marca de nacimiento”.

Pues vale, me acojo a aquello de que las interpretaciones de una obra son múltiples, no tienen por qué estar de acuerdo ni con las mismísimas intenciones del autor. Yo me lo tomé como las personas nos influenciamos las unas con las otras a lo largo del tiempo, con efectos incluso en siglos posteriores. Él le da el toque esotérico de las reencarnaciones, algo que a mí me sobra. El resultado en todo caso es muy interesante.