Coeficientes Intelectuales, Dioses y Almas

Christopher Langan es una de las personas con el mayor coeficiente intelectual de Estados Unidos. Procede de una familia pobre, no tiene títulos universitarios pero sí una insaciable y autodidacta sed de conocimientos.

El tipo es muy bueno contestando cuestionarios, aunque no haya hecho nada realmente provechoso con su poderoso intelecto. Como mucho una difusa teoría psicológica que ha desarrollado en la que mezcla mente y realidad que sólo él es capaz de entender.

Entre sus aportaciones al mundo de las ideas está también su defensa de la existencia de Dios y del Alma. Para él todas nuestras mentes forman parte de la mente del mismo Dios, y afirma que esto puede ser probado matemáticamente.

Como ateo irredento que soy (perdonen a partir de ahora los sarcasmos) el que este tío sea “oficialmente” tan listo no me intimida lo más mínimo. Lo que sí muestra es que la creencia o no en Dios no está relacionada con la inteligencia, que hay mucho ingeniero y doctor en diversas ramas de la Ciencia que son muy, pero que muy devotos. Está en otra cosa, algo a lo que es difícil ponerle nombre. La palabra más cercana que se me ocurre es “Ingenuidad”.



Almas y Blues

En 1938 un músico de 27 años, Robert Johnson, muere en Greenwood, Missisipi. Hay quién dice que envenenado por el marido de una mujer con la que estaba flirteando. Era un músico itinerante que iba de pueblo en pueblo por el sur de Estados Unidos tocando en las calles y pequeños locales, pero durante los dos años anteriores a su muerte grabó un puñado de canciones que dos décadas después servirían de inspiración a una nueva generación de músicos: Eric Clapton, Keith Richards…

Cuando los biógrafos tratan de desentrañar su historia ya es tarde. La realidad, la ambigüedad y las leyendas se entremezclan: es el candidato perfecto para ser aquel músico que una medianoche, en un solitario cruce de carreteras vende su alma al Diablo, a cambio de poder interpretar cualquier cosa con su guitarra.

One of the two known photos of Robert Johnson. This portrait was taken by the Hooks Bros. Photography Company in Memphis, Tenn., circa 1935.

Efímero

La vida está llena de momentos que van a ser olvidados. ¿Qué hice el martes por la noche? ¿A que hora me levante esta mañana? ¿Cuánto me gaste en la compra del supermercado? ¿Qué sentía cuando me dirigía al metro? ¿De qué hablé con mi amigo aquella tarde?

Viajes en el tiempo

Cuando uno lee el periódico se da cuenta de que para viajar a un pasado remoto no hacen falta ingeniosos mecanismos aun no inventados, basta con subirse a un avión y dejarse caer por algún que otro país. Afganistán, por ejemplo, donde muchas mujeres acaban en la cárcel por el delito de huir de unos maridos que las maltratan.

O China, donde puede darse el caso de que te obliguen a abortar a los 7 meses si no tienes dinero para pagar la multa por tener un segundo hijo.

L’Inconnue de la Seine

  Alrededor de 1880 el cuerpo sin vida de una joven fue encontrado en el Sena. No pudo ser indentificada, y en la morgue la pusieron en una habitación especial en la que las personas que buscaban a seres queridos podían verlos a través de un cristal. Era una época sin cine, televisión o Internet con el que matar el tiempo y este tipo de lugares eran atracciones morbosas en las que pasar la tarde. Pronto se corrió el rumor de que una joven especialmente bella había muerto y fueron muchos los que fueron a verla. 


  Le hicieron una máscara mortuoría para facilitar su identificación después de ser enterrada. En aquella época, no era infrecuente hacer máscaras a los fallecidos con el fin de mantener su recuerdo, costumbre que la fotografía acabó por extinguir.


  No se sabe muy bien cómo, pero la máscara de ésta joven acabó reproduciéndose multitud de veces y se convirtió en una morbosa atracción en la París bohemia del momento, objecto de discusiones artísticas por una sonrisa la altura de la mismísima  Mona Lisa.

  Más de medio siglo después, en Estados Unidos, dos hombres debaten sobre qué cara va a tener el muñeco de prácticas de reanimación que están diseñando. Concluyen que tiene que ser un rostro que no incomode, hay que practicar cosas como el boca a boca, y deciden que va a ser el de una mujer. Una tarde uno de ellos ve por la ventana a una joven que tiene la máscara de la desconocida del Sena. Decide que ese va a ser el rostro a utilizar.

 

  Desde entonces es el rostro más utilizado en los muñecos de reanimación, millones de personas han sido entrenadas con él, personas que han salvado probablemente millones de vidas. Y aprendieron a hacerlo con un muñeco que tiene el rostro de una desconocida que murió hace más de 100 años en el Sena.

El chiste del bisonte cojo

Reunidos alrededor del fuego en un lugar resguardado de una cueva, hablan de lo acontecido en el día, de los que les espera mañana, de la manada de ciervos que uno de ellos ha avistado en unas colinas cercanas.
En la cueva de Santimamiñe, en Bizkaia, se han encontrado herramientas de sílex, colorantes para teñir cuero o pintar las paredes de la cueva, huesos de animales, restos marinos, con una antigüedad de unos 12.000 años, antes de la agricultura, los dioses monoteístas, las hipotecas, los políticos corruptos, los especuladores, las prisas, los mundiales de fútbol o las redes sociales. Eran grupos reducidos, tan reducidos que ninguno de ellos verá en su vida a más de 100 personas juntas. Se reunían alrededor del fuego y, simplemente, hablaban. 
¿De qué hablaban? ¿En qué pensaban? Ya sé que el primer pensamiento es obvio: de la caza, de la pesca, del frío, de los peligros de los depredadores, de las enfermedades, de las heridas que curar. Pero después de todo esto, las conversaciones relacionadas de alguna forma con la supervivencia, queda la charla informal, la broma, el chascarrillo, los recuerdos, los cuentos para los niños, las historias de los más mayores acerca de la vida de los padres de sus padres de sus padres. Si tenemos en cuenta que el Homo Sapiens surgió hace entre 200.000 y 150.000 años y que hubo una especie de salto “mental” hace entre 100.000 y 50.000 años, nos encontramos con que la mayor parte de la historia de la humanidad ha transcurrido alrededor de esas hogueras, en medio de la sabana, dentro de la cueva, y lo que nos convirtió en verdaderamente humanos, para bien o para mal, fueron esas charlas triviales en las que se bromeaba sobre lo malo que era aquel con el arco. Los últimos 5.000-2.000 años cambiaron nuestra forma de vida, los últimos 200-100 años la han transformado de una forma casi anti-natural. Pero seguro que todavía podríamos reconocernos en esas bromas y cotilleos sobre bisontes, torpezas e infidelidades, contadas alrededor del fuego.