El Síndrome de Jerusalén

Se estima que cada año entre 50 y 100 turistas que visitan Jerusalén lo sufren. Quedan impactados por la mística de los lugares santos y se “dan cuenta” de que ellos son el mismísimo Jesucristo.


Síndromes relacionados son el Síndrome de Setendhal, en el que visitantes a lugares tan emblemáticos como Florencia sufren alucinaciones ante tanta acumulación de obras de arte, y el Síndrome de París, que parece que afecta especialmente a turistas japoneses.

Vamos, que como dijo el “Guerrita”, torero de finales del XIX, principios del XX, cuando le presentaron a Ortega y Gasset como “famoso filósofo”: “¿Filósofo? ¿Y eso que é?”. Cuando se lo explicaron respondió: “Así que se dedica usté a pensá en las cosa… Hay gente pa tó”.

Reflexiones aCapitalistas – Disciplina

El mantra del capitalismo dice que el esfuerzo derivado de la búsqueda del beneficio individual es el que mueve el capitalismo y del que todos nos vemos beneficiados.

Pero si diseccionamos este concepto podemos ver que beneficio individual no tiene por qué ser beneficio empresarial. Yo mismo me dejo los cuernos trabajando en una multinacional propiedad de un solo individuo. Mi esfuerzo está relacionado con mis expectativas de realización profesional, relaciones personales y beneficio individual. Y si vamos un poco más allá, la fuente última de estos factores es el liderazgo, la capacidad de organización y la disciplina.

Viajemos en el tiempo y pensemos en el Imperio Romano. La clave de su éxito fue que su grado de organización era inmensamente superior a la de sus contemporáneos, unidos bajo una férrea disciplina.


Estos elementos, más allá del sistema económico imperante, son los que garantizan el éxito de un grupo.

La importancia de llamarse Ernesto

La Comunidad Valenciana es la única en España con más de una provincia en la que una ciudad da nombre a toda la región. Pero no llames “valencianos” a los castellonenses o a los alicantinos, que seguro que no sólo no se van a sentir identificados sino que hasta puede sentarles mal.
Parece insignificante, pero la falta de un nombre común verdaderamente compartido conlleva falta de identidad. Andalucía, Cataluña, Galicia, Aragón… Los andaluces, por ejemplo, sienten tirria por el centralismo sevillano, pero la palabra Andalucía les une.
En estos tiempos de globalización puede parecer algo retrógrado este llamamiento, o quizás, precisamente por la confusión que la globalización conlleva lo hace más necesario. El caso es que creo que necesitamos un nombre que nos una más. Propongo que olvidemos el incómodo “Comunidad Valenciana” y llamemos a nuestra región “Levante” (y como himno, “Paquito el Chocolatero”).

La casta de los especuladores financieros

La revolución tecnológica que ha supuesto la aparición de los ordenadores e Internet ha provocado una transformación radical en la organización de la Economía mundial durante las últimas 3 décadas. Comprar y vender cualquier producto de cualquier parte del mundo dentro del mismo segundo, desde Nueva York, Tokio, Frankfurt o Singapur, sencillamente no sucedía hace unas pocas décadas.
Estos nuevos flujos llegaron sin que apenas nos diéramos cuenta los mortales, los de a pié, los que nos ganamos el pan con el sudor de nuestra frente, pero su impacto ha transformado una economía en la que lo real tiene menos valor que lo financiero, que en este caso es decir lo mismo que lo especulativo. Y no nos dimos cuenta hasta ahora, hasta esta jodida crisis que no terminamos de entender y que no dejamos de sufrir.
“Nosotros simplemente vemos la evolución de un valor en una pantallita y compramos y vendemos”, decía un broker financiero en un documental que vi hace poco, como disculpándose y quitándole importancia al efecto de las especulaciones financieras. Pero no es cierto.
Esta organización de la Economía Mundial no es justa, contribuye al incremento de la desigualdad, a la desestabilización del sistema, a olvidar la importancia de la Economía Real. Hay que desmantelarla aunque va a costar mucho, ya que los que se han hecho ricos durante estas últimas décadas son inmensamente poderosos y no destacan precisamente por su filantropía.

Diccionarios y cadenas del water

Hace poco mi pareja buscaba en un diccionario una palabra, en uno de los de toda la vida, con su papel, sus páginas y todo eso. Al lado mis hijos de 5 y 3 años, que se manejan con el iPad como si jugaran con la plastilina. Y me dí cuenta que mis hijos no utilizarán esos diccionarios “analógicos” en su vida porque tendrán todo tipo de cachibaches a su disposición, con la world wide web a sus pies.
El tiempo pasa, las cosas cambian. Todavía enseño expresiones a mis hijos que si se pararan a pensarlas se darían cuenta de que hoy en día no tienen sentido, como “tirar de la cadena”: en nuestra casa, como creo que en la mayoría actualmente, el agua fluye en el inodoro a través de un botón. O no nos planteamos en nuestro día a día por qué decimos “colgar el teléfono”, nos olvidamos de que esa expresión es una reminiscencia de un pasado en el que los auriculares tenían que ser literalmente “colgados” de un teléfono atornillado a la pared.


Cosas de la evolución de la tecnología y del lenguaje podría pensarse, vestigios de un pasado que no son más que trivialidades para amenizar conversaciones con amigos. ¿O no?
El riesgo es que algunos de estos “vestigios” puedan quedar impregnados en nuestras mentes, una especie de “memes” anquilosados que pudieran afectar a las raíces mismas de nuestros pensamientos, a nuestra forma de ver el mundo, de tal forma que nos haga verlo de una forma anticuada, poco adecuada para los tiempos que corren.
¿Qué conceptos, qué ideas de las que pululan por nuestras mentes pueden entrar dentro de esta nociva categoría?  
Las respuestas tendrán que venir en futuras entradas de este blog, porque después de pensar durante un rato no he llegado a conclusiones de valía (el hecho de que mis hijos estén pululando a mi alrededor reclamando atención creo que también ha tenido algo que ver).

Gestión de las emociones

En este video blog de Iñaki Gabilondo se destaca la importancia de no gobernar desde puntos de vista estrictamente económicos, sino hacerlo teniendo en cuenta las percepciones de la gente.

La piedra angular de la economía es la percepción de si lo que viene es bueno o malo, es psicología, es sociología, es incluso, en este mundo globalizado, antropología. Liderazgo, confianza, gestionar las emociones, de esto tiene que ir la cosa de gobernar.
Justo lo que no tenemos.

La falacia de lo individual a lo general

En estos tiempos de crisis y reformas laborales en España los argumentos de unos y otros están teñidos de falacias (algo habitual en política de todas formas).

La que me llama la atención estos días es la de extender lo que es bueno o malo para un individuo tiene que ser bueno o malo para toda la sociedad. Por ejemplo, si la reforma laboral deja más desprotegido a un trabajador individual, tiene que ser malo para el conjunto de los trabajadores.

Creo que no es cierto, porque en economía se da la aparente paradoja de que lo mejor para los trabajadores en su conjunto es crear unas condiciones que permitan la creación de empresas y la creación de puestos de trabajo aunque a nivel individual sea más fácil despedir a un trabajador en concreto.

No nos engañemos, el tiempo de un trabajo para toda la vida ya pasó, los trabajadores tienen que adaptarse a un entorno en el que se reciclan, cambian de trabajo, hay movilidad geográfica. Es necesario cambiar las reglas del juego, el juego ha cambiado.

Personalmente no veo todo esto como un problema sino como una oportunidad. Qué agobio hacer siempre lo mismo, tener el mismo trabajo toda tu vida, vivir siempre en el mismo sitio. Lo que me apetece es aprender cosas nuevas, conocer personas, diferentes empresas u organizaciones, disfrutar de nuevas ciudades, países, culturas. 

En un mundo globalizado, en el que la tecnología cambia la forma de trabajar continuamente,  en el que miles de millones de personas necesitamos contribuir a un crecimiento sostenible y sin desigualdades, lo anterior deja de tener sentido.

La belleza de los datos

Ideario de Bestiario, una consultora dedicada a la representación dinámica de datos, a la elaboración de herramientas diseñadas para dar sentido a los datos, para hacerlos más atractivos:

“Los datos son la materia prima más valiosa del siglo XXI y las organizaciones necesitan nuevas herramientas para poder trabajar con información compleja en tiempo real y hacer prospecciones sin necesidad de intermediarios externos.”

“Una base de datos es como un libro, admite múltiples interpretaciones. Los datos tienen estructuras fascinantes, que acaban indicando la estética de su visualización, aunque la mejor es siempre la que no se nota, la que está al servicio de la información y del receptor.”

“No creemos en la industria del Business Intelligence, creemos que una cosa es el negocio, pero que la inteligencia debe ser patrimonio de todos.”

(Entrevista en El País, 11 Feb 2012)