Mundos paralelos

Leí hace poco una entrevista a un cómico británico en la que confesó que fingió a una novia ser sordo de un oído.
Parece ser que al principio de su relación ella le contó algo importante mientras él, literalmente, no le hacía caso. Ella se percató y se enojó enormemente pero él improvisó y se justificó diciendo que no le había escuchado porque le había hablado por su lado derecho, donde tiene el oído que quedó inutilizado en su niñez debido a una fulminante enfermedad.
El problema es que tuvo que mantener y agrandar la mentira debido a que a su novia le enterneció la historia y la contaba delante de familiares y amigos, incluida la mismisima suegra.
Tuvo que lidiar con la mentira durante 6 años, hasta que lo dejaron. De hecho, la exnovia se enteraría de la realidad, decía el cómico, leyendo la entrevista.

Ritmo, ritmo, ritmo

Tengo dos hijos pequeños y, por supuesto, les pongo la tele para que vean series y películas de dibujos. Tal vez demasiado, según los principios establecidos por la pedagogía, porque reconozco que no sólo lo hacemos para que se entretengan sino, literalmente, para “librarnos” un rato de ellos, con todo lo egoista que esto pueda sonar. Pero, joder, los queremos mucho pero son agotadores, y estoy convencido de que los que establecen los principios de la pedagogía o no tienen hijos o no los tienen en el momento de hacer sus recomendaciones.


En fin, el caso es que tenemos varias películas para que vean, unas actuales como “Cars”, “Bolt”, “Monsters S.A.”, y otras clásicas, como “El libro de la . Selva”. ¿Qué pasa? Que el ritmo de las películas actuales es tan abrumador, tan frenético (el que no haya visto el principio de “Bolt”, que le eche un vistazo y entenderá a lo que me refiero) que las películas clásicas simplemente les aburren. Por los menos a la edad que tienen ahora mis hijos.


Leí una vez que la publicidad ha afectado durante las últimas décadas el ritmo de las películas, no sólo las de los niños, porque mucha gente que está en la industria del cine se ha formado en la escuela de los anuncios publicitarios (en España, por ejemplo, se puede ver especialmente en las películas alocadas de Guillermo Fesser). Y son especialmente las personas mayores las que sufren este ritmo, de forma que es difícil que puedan ver enteras muchas de las películas de hoy en día.


Aunque, ahora que lo pienso, las películas argentinas que recuerdo ahora mismo no “sufren” de este contagio publicitario, a pesar de que su publicidad tiene cierto prestigio en su “mundillo”…
En fin, que se demuestra una vez más que lo de tratar de establecer normas generales deja bastante flecos sueltos…

¿Soy bueno? ¿Soy malo?

Dexter, la serie de televisión protagonizada por un psicópata que sacia sus instintos asesinos matando sólo a “los malos”, deja un poso inquietante. La segunda temporada finaliza con la frase ¿Soy bueno? ¿Soy malo? Si eres seguidor de la serie no quieres que Dexter sea atrapado por la policia y si mata a algún asesino, pues bueno, será que se lo merece. ¿O no? Como he dicho, sensaciones inquietantes, opiniones que dependen tanto del punto de vista en el que estemos situados…
Precisamente estos días Roman Polanski está en prisión preventiva en Suiza por una violación a una menor de trece años en Estados Unidos de la que se le acusa desde hace 20 años. En Europa tiene muchos apoyos, muestras de solidaridad, pero, ¿se está apoyando a un potencial violador por el simple hecho de ser director de cine? ¿Simpatizamos con él porque su mujer embarazada de 8 meses fue cruelmente asesinada por Manson unos años antes? ¿No deberían ser estos hechos independientes y no afectar a nuestro juicio? Bueno, está claro que no, la imparcialidad es un concepto que raras veces podemos poner en práctica.

Los Memes

Meme: unidad teórica de información cultural transmisible de una mente a otra, que se transmite de generación a generación, como un gen, como un virus.
¿Cuales son los meme-chistes más antiguos? ¿Qué chistes se contaban, por ejemplo, los romanos, chistes-memes que hayan sobrevivido hasta la actualidad?